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DEBATE SOBRE EL HOLOCAUSTO – Cuando la pasión ciega a la Historia – por Eric Hobsbawm

21 Ott

DEBATE SOBRE EL HOLOCAUSTO

Cuando la pasión ciega a la Historia

 

 

Publicado esta semana en Italia, el presente artículo del gran historiador inglés abrió la polémica entre los estudiosos. Tres historiadores argentinos lo analizan y se preguntan por nuestro pasado reciente.

ERIC HOBSBAWM. Historiador

 

hace unos días concluyó en un tribunal británico un caso legal muy importante para los historiadores. David Irving, autor de numerosos libros sobre la Segunda Guerra y el nacionalsocialismo, demandó por difamación a la académica estadounidense Deborah Lipstadt y a su editorial, Penguin Books. Irving sostiene que, al definirlo como mentiroso y “negador del Holocausto”, la profesora Lipstadt y su editorial dañaron su credibilidad como historiador y sus posibilidades de ganarse la vida.

Irving no sólo rechazó las acusaciones que se le hicieron, sino que sostuvo que la versión acerca de los orígenes, la naturaleza y los alcances de la llamada “solución final del problema judío”, enunciada por la profesora Lipstadt y otros exponentes de lo que él denomina “la industria del Holocausto”, es históricamente insostenible.

A diferencia de Irving, ella, de hecho, no se basó en documentos originales, ni siquiera en un conocimiento adecuado de cómo funcionaba el sistema alemán.

Esta fue la cuestión discutida durante semanas en una sala de audiencias de la Justicia londinense. El juez todavía no se ha manifestado y naturalmente pronunciará su fallo sobre dos cuestiones que son separables, por lo menos para la ley británica: 1) si las declaraciones de la profesora Lipstadt difamaron al señor Irving y 2) si realmente fue así, cuál es el alcance del daño que sufrió como resultado de tal difamación. La segunda consideración no nos interesa aquí pero la primera era y es una cuestión de fundamental importancia para los historiadores. Tiene que ver con la compleja relación entre la investigación histórica y la opinión política, entre el juicio histórico y el político. Porque esta no es una controversia de pura erudición, ni para el señor Irving ni para la profesora Lipstadt ni para quienes comparten sus opiniones. Al contrario, ambos están apasionadamente empeñados en sostener sus respectivos puntos de vista sobre bases no académicas.

Es cierto que realmente son pocos los historiadores que comparten las opiniones políticas representadas por David Irving. El no hace ningún esfuerzo por ocultar sus simpatías por el nacionalsocialismo alemán, por la extrema derecha de la posguerra y su antisemitismo. Además, instintivamente, muchos de nosotros estamos de parte de Deborah Lipstadt porque es imposible no horrorizarse ante lo que les sucedió a los judíos en Auschwitz y en otras partes. Por eso es necesario, para los simpatizantes nazis, tratar de negar directamente que haya ocurrido. No obstante, es claro que también las opiniones de Lipstadt representan una posición política defendida apasionadamente, a tal punto que quienes la sostienen están dispuestos también a negar las críticas factuales. David Irving demandó ante la Justicia a sus críticos. Pero Daniel Goldhagen, que (en Los verdugos voluntarios de Hitler) escribió una interpretación judía del Holocausto rechazada casi en forma unánime por los historiadores en la materia, trató de silenciar a sus críticos y lo mismo hicieron sus defensores. Es significativo que el mismo historiador Christopher Browning haya sido convocado por la defensa tanto en el caso Irving como en el de la controversia sobre Goldhagen.

En realidad, mucho antes del juicio Irving-Lipstadt yo traté de explicar su naturaleza. Permítaseme una autocita: si faltan las pruebas o si los datos son escasos, contradictorios o sospechosos, es imposible desmentir una hipótesis, por improbable que sea. Las pruebas pueden mostrar de manera concluyente, contra quienes lo niegan, que el genocidio nazi realmente tuvo lugar, pero aunque ningún historiador serio dude de que la “solución final” fue querida por Hitler, no podemos demostrar que verdaderamente él haya dado una orden específica en ese sentido. Dado el modo de actuar de Hitler, una orden escrita semejante es improbable y no fue encontrada. Por lo tanto, si desbaratar la tesis de M. Faurisson no resulta difícil, no podemos, sin elaborados argumentos, rechazar la tesis enunciada por David Irving.

Esa es la esencia del problema. Habría sido más cómodo que Irving pudiera ser acusado simplemente de negar Auschwitz o de mentir sobre Hitler. Pero él no lo hizo. Sostuvo que Hitler no quería, o no era responsable del Holocausto, porque no existe un documento escrito por Hitler que ordene la eliminación de los judíos, y las argumentaciones de Irving, basadas en un conocimiento notable de la documentación, obligaron a gran parte de los historiadores a reconocer, aun a regañadientes, que no existe semejante documento. Con razones óptimas, el consenso que prevalece entre los historiadores individualiza en Hitler al responsable de la “solución final” pero su argumentación modificó la interpretación histórica del Tercer Reich. Además, él no niega que millones de judíos perecieron entre 1941 y 1945. No niega tampoco que un gran número de judíos fue deliberadamente exterminado, y no sólo víctima del cansancio, el hambre o enfermedades. Lo que hace más bien es concentrarse en sembrar la duda respecto de muchos de los “lugares comunes” acerca del Holocausto -lo que podríamos llamar la retórica pública, o la versión hollywoodense del Holocausto, gran parte de la cual no proviene de los historiadores serios que indagaron sobre ese terrible tema. Y por ende algunos de ellos, como bien sabe cualquier especialista en esta área, tienen una postura de apertura respecto de las críticas.

Podríamos preguntarnos: ¿cuál es la relevancia del caso jurídico “Irving contra Lipstadt” para los historiadores? Ninguno de los protagonistas es un típico exponente de la profesión histórica. El señor Irving es un cruzado de su causa. Si no se hubiera identificado con la causa de la Alemania hitlerista, las familias de las personalidades nazis no le habrían dado acceso a los documentos que antes habían negado a otros estudiosos o que les habían ocultado. De este modo se volvió un experto en la materia. La señora Lipstadt no es una historiadora profesional y su reputación en este campo es modesta. No se puede pasar por alto que optó por no declarar en el juicio y no exponerse al interrogatorio de su adversario.

En efecto, muchos de los nombres importantes en la historiografía sobre el Tercer Reich y la destrucción de los judíos europeos estuvieron ausentes del caso. Es improbable, obviamente, que apoyaran a Irving pero también es improbable que aceptaran la excesiva simplificación del libro de Lipstadt. Y sin embargo, su ausencia o reticencia es preocupante. No se puede permitir que el debate público sobre materias de una importancia tan grande se desarrolle esencialmente entre defensores de causas políticas.

Pienso que el silencio de los estudiosos expresa las pasiones y las contradicciones que asaltan a los historiadores que abordan temas sobre los cuales para muchos de nosotros la neutralidad es imposible aún hoy, en el momento en que escribimos. Esto es más que evidente en el caso del régimen o de los regímenes que produjeron el Holocausto. Permítaseme repetir lo que escribí en otra oportunidad a propósito del “Historikerstreit” (controversia entre historiadores alemanes) de 1980: “En la polémica se planteaba si toda postura histórica con respecto a la Alemania nazi que no fuera de absoluta condena no implicaba el riesgo de rehabilitar un sistema profundamente infame, o no mitigaba, en todo caso, las acciones nefastas… la fuerza de un método así es tal que, mientras expreso estos conceptos, con cierto malestar me doy cuenta de que podrían ser interpretados como el signo de cierta “morbosidad hacia el nazismo” y por lo tanto se vuelve necesaria alguna forma de rechazo” (“De Historia”, 275-6). Estos sentimientos siguen siendo fuertes hoy y pueden incluso ser reavivados por el retorno a la vida pública, incluso a veces al gobierno, de políticos o partidos identificados con el pasado nazi, o descendientes del mismo, como sucedió hace poco en Austria.

El caso “Irving contra Lipstadt” tiene que ver con la más emotiva de todas estas cuestiones, la llamada “negación del Holocausto”. Y sin embargo, la misma expresión pertenece a una era en que la condena moral reemplazó a la historiografía. Justamente como el debate, si es que se lo puede llamar así, sobre el que debe decidir un tribunal británico. Dicho debate pertenece a la esfera de la parcialidad política. Más allá de las incertidumbres que rodean el tema, no es posible, y nunca lo fue, negar la evidencia del genocidio de los judíos (y los gitanos) perpetrado, mientras estuvo en condiciones de hacerlo, por la Alemania nazi. Ningún historiador que lo sea habría considerado necesario impedir la publicación de intentos evidentemente vanos de negar lo innegable o de crear un delito de “negación del Holocausto”, como sucedió en Alemania. Por otra parte, ningún historiador serio negaría que hay lagunas o imprecisiones -en cuanto a los hechos, números, lugares, motivos, procedimientos y muchas otras cosas- que rodean la historia del genocidio.

El estudioso serio del tema, por lo tanto, trata el genocidio como un área de estudio donde desacuerdo y discusión, aun acerca de los aspectos más indecibles -por ejemplo el número de las víctimas, o la naturaleza y el alcance del uso del gas Zyklon-B son naturales e indispensables-. No puede reducir su función esencialmente a la denuncia o a la definición y la defensa de una versión aceptada de la verdad. Y sin embargo, ése es justamente el peligro en algunas lecturas del Holocausto sostenidas apasionadamente, sobre todo las versiones que, a partir de los años 60, fueron transformando cada vez más la tragedia del pueblo judío de la Europa continental durante la Segunda Guerra Mundial en el mito legitimador para el Estado de Israel y su política.

Como a todo mito legitimador, la realidad lo incomoda. Además, cada crítica del mito (o de las políticas por él legitimada) está destinada a ser calificada de algo similar a la “negación del Holocausto”. Los historiadores serios del Tercer Reich, que son de una calidad poco común, no tienen tiempo ni para Irving ni para Lipstadt. Nunca hubo dudas sobre el hecho de que rechazan el intento de Irving de distanciar a Hitler de la “solución final”, o el intento nazi de minimizar o mitigar, por no decir negar, el genocidio. Por otra parte, como bien lo prueba su casi unánime reacción a la publicación del libro de Goldhagen, también rechazaron lo que Ian Kershaw llama “una interpretación simplista y desviada del Holocausto”. Y sin embargo, cuando los abogados de los asesinos enfrentan a los abogados de las víctimas, qué difícil es, aun después de más de medio siglo, condenar con equidad los errores de ambos, aunque por diferentes razones. El silencio es más fácil. Claramente, algunos eligieron ese camino.

¿Estoy acertado? ¿O tenían razón aquellos pocos estudiosos que decidieron aceptar la invitación de la defensa, sobre todo para desacreditar las afirmaciones de Irving, aunque indudablemente conscientes de las carencias de Lipstadt? Estas preguntas no pueden hallar respuesta en tanto no se publiquen todas las actas del proceso. Serán, seguramente, la base de uno o más libros. Mientras tanto, la reticencia de los buenos historiadores dejó la impresión de que la única crítica pública a la falta de criterios profesionales en gran parte de la difusión del Holocausto proviene de un admirador de Hitler.

En todo caso, estas son cuestiones que demandan un juicio político, que puede estar en conflicto con el juicio histórico. Este es el tema sobre el cual quiero atraer la atención. La profesión del historiador es inevitablemente, y algunos dirían por su propia naturaleza, política e ideológica, aunque lo que un historiador dice o puede no decir depende estrictamente de reglas y convenciones que requieren pruebas y argumentos. Y sin embargo, convive con un discurso aparentemente similar acerca del pasado en el cual estas reglas y convenciones no se aplican; y donde se aplican por el contrario solamente las convenciones de la pasión, de la retórica, del cálculo político y de la parcialidad. Pero el siglo XX fue un siglo de guerras religiosas, durante el cual fue normal para los historiadores considerar que debían juzgar en base a los criterios de su profesión o en base a los de su propia fe.

El caso que traté es típico de un período así. Y no es el único. Las pasiones de esta era se debilitaron pero todavía no desaparecieron. ¿Cómo deberían comportarse los historiadores? Las reglas de nuestra profesión deberían vedarnos decir lo que sabemos que es erróneo o sospechamos profundamente que lo es, pero la tentación de refrenarnos de decir lo que sabemos que es cierto sigue siendo muy grande. Aun los que nunca tomarían en consideración la “suggestio falsi”, pueden encontrarse vacilando en la pendiente que lleva a la “suppressio veri”.

No existe posibilidad alguna de que en cincuenta o incluso cien años la memoria del Holocausto pueda morir, pero esto no se deberá de ninguna manera al caso al que acabo de referirme. Espero realmente que los historiadores que se topen con el caso “Irving contra Lipstadt” en sus investigaciones lo consideren como una exposición perteneciente a un museo de antiguedades intelectuales olvidadas desde hace tiempo.

Pero para los historiadores de hoy, todavía plantea serios problemas de juicio profesional y moral. Aún nos queda un poco de camino por andar para emanciparnos de la herencia intelectual de la era de las guerras religiosas que dominó el siglo XX. Tal vez debamos hacer el intento de acelerar nuestra emancipación.

(c) La Repubblica y Clarín, 2000. Por Eric J. Hobsbawm.
Traducción de Cristina Sardoy

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Clarin, Buenos-Aires, Domingo 02 de abril de 2000

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Vease Actualidades de Inglaterra : El proceso Irving

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )

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DAVID IRVING EN ESPAÑA – PRUEBAS CONTRA EL HOLOCAUSTO

21 Ott

DAVID IRVING EN ESPAÑA

 

PRUEBAS CONTRA EL HOLOCAUSTO

 

Invitado por Cedade, el historiador britanico estuvo en españa con el fin de exponer sus sensacionales descubrimientos en torno a la fabula del holocausto. He aqui el contenido de una de sus conferencias publicas.

Señoras y señores:

Soy escritor e historiador inglés. Esta es la segunda conferencia que doy en España; la anterior tuvo lugar ayer en Barcelona. Normalmente, hablo en alemán o inglés, así que es la primera vez que hago este esfuerzo en español.

Soy historiador profesional. Escribo libres y gano mucho dinero con elles, pero el 90 par ciento de lo que obtengo lo dedico a realizar investigaciones para el próximo libro.

En Inglaterra fui a la Universidad, donde estudié Fisicas, Qúimicas, Estadistica pero nunca Historia, lo cual creo que fue una suerte.

Dresden

Hace 25 años trabajé para los americanos en la base aérea de Torrejón, donde aprendi un poco de español. Luego estuve coma obrero en fábrica de acero en Alemania para así poder aprender alémán. Fue allí donde conocí a un hombre que había vivido en Dresde. El me habló del bombardeo de aquella ciudad par los ingleses, en el cual murieron más de 100.000 hombres, mujeres y niños. Por aquel enfonces, nadie sabla nada de este en Inglaterra.

Así, a los 23 años escribi mi primer libre “El bombardeo de Dresde”, que fue un éxito en todo el mundo. Luego tuve una hija, otro libre, otra hija y fui alternando los libres y las hijas. Mi esposa es madrileña. Tras cuatro libros y cuatro hijas sólo me quedaron fuerzas para seguir haciendo libros.

Hitler

Luego guise escribir una biografía sobre Adolf Hitler pues me interesa conocer la verdad sobre su vida. A lo largo de 10 años, de 1964 a 1975, fui buscando personas que lo hubieran conocido y ganándome su confianza así coma buscando el mayor número de documentos auténticos. Escribi La Guerra de Hitler, todo un éxito que ya va par la cuarta edición, pero que me ha hecho ganar muchos enemigos en todo el mundo. A partir de aquí he tenido muchos problemas pues el libre no ha gustado a los judíos y elles tienen influencia en editoriales y medios de comunicacion.

El “Holocausto

Mi agente literario en América, Max Weber me dijo al leer el manuscrito: “Lo que le falta son 10 páginas sobre la culpabilidad de Hitler en el Holocausto”. Y yo le contesté: “Max, he buscado diez años en todos los archives y no he encontrado nada sobre una posible conexión entre Adolf Hitler y el Holocausto. No hay ningún documento en los archives”.

Enfonces me indicó: “Si no escribieses nada al respecto, lo que va a pasar en todo el mundo es que vamos a perder los contratos que tenemos con editoriales y librerias y vamos a perder más de un millón de dólares. Si no hay documentos, haz coma los otros historiadores: invéntatelos”.

Yo no podia hacer eso después de haber trabajado 10 años para encontrar la verdad. Así que no publicamos esas páginas y efectivamente perdimos todos los contratos que teníamos.

Para mí, coma historiador, ha comenzado una lucha que hasta ahora llevo con éxito, pues tango a mi lado los documentos necesarios.

Los “diarios” de Adolf Hitler

Puedo citer un ejemplo. Cuando el asunto de los diarios de Hitler que publicó la revista “Stern” yo descubrí su falsedad. Entre otros detalles, había una carta de Hermann Göring a un amigo y estaba mal escrito su cargo en el Reich. Igualmente sabemos que en el atentado que sufrió Hitler en Julio del año 1944, éste sufrió daños en su mano derecha y sin embargo, la letra del mánuscrito no se veía afectada par ello. Además, hicimos exeminar la tinta y el papel en un laboratorio y todo era posterior a la guerra. La antigüedad de la tinta puede determinarse por su grade de oxidación.

Canaris

También me ofrecieron los diarios del almirante Canaris junto con una carte suya. Nuevamente analizemos el papel, que efectivamente había sida cortado al tamaño alemán con unas tijeras (este puede detectarse con un microscopio) y la tinta era de boligrafo; par tante, la carte no podía ser auténtica.

el “diario de Ana Frank”

Del mismo modo, en el diario de Ana Frank habia tinta de bolígrafo. Ana Frank era una niña judia capturada par la Gestapo que tras varias vicisitudes, murio de tifus en Bergen-Belsen. Hoy todos los niños alemanes han de leer el “Diario de Ana Frank” y, sin embargo, es falso. Hace poco fueron publicadas en América unas cartes auténticas de Ana Frank a unas amiges; la letra de estes cartes sí tiene el aspecto normal de una niña de 10 ó 12 años, no coma el manuscrito que nos revela a un autor de mayor edad. Estas cartes, adquiridas par el Simon Wiesenthal”, sí son auténticas pero no así el diario. Yo mismo escribí al padre de Ana Frank a Suiza solicitándole analizar los diarios. El se negaba siempre. Por fin consintió en que acudieran unes expertes a Suiza y elles determinaron que parte de los diarios habían sida escritos con boligrafo — inventado en 1949 — algo imposible al haber muerto Ana Frank en 1945. Un caligrafo pudo comprobar también que todo había sida escrito par la misma mano y que, par lo tante, no podía ser la de Ana Frank.

Hitler: protector de los judíos

Como historiador, creo que es un caso importante, pues demuestra la posibilidad de determinar la autenticidad de un documento mediante el laboratorio. Un documento no tiene por qué ser de papel. A mí entonces me llamó la atención que nadie hubiera estudiado las cámaras de gas de Auschwitz. Me resultó muy anormal no hallar ningún documento que relacionara a Adolf Hitler con malos tratos a los judíos. En cambio, si que encontré varios documentos de Adolf Hitler destinados a protegr a los judíos. Así, durante el proceso contra Hitler por el “putsch” en 1923, un policia declara que oyó a uno de los líderes del movimiento decir a Hitler: “Mi führer, mis hombres y yo hemos destruido una tienda de los judíos en Munich”, a lo que él repuso: “Lo que han hecho es una vergüenza para nuestro Movimiento. Me aseguraré de que no puedan ustedes tomar parte en ningún movimiento nacional en Alemania”.

En la noche de los cristales rotos, donde hubo destrozos de tiendas y sinagogas a Hitler le comunican que un hotel de Munich ha llamado para denunciar que la sinagoga vecina está ardiendo. Entonces, él hizo salir a sus ayudantes a las calles de Munich para intenter frenar la situación. Convocó a sus principales ministres, a Himmler, a Gobbels, al jefe de la policia y a Rudolf Hess para que evitaran en lo posible estes actes que suponian un desprestigio para el Reich. Tengo un documento de los archives americanos que reproduce un telegrama firmado par Rudolf Hess y enviado a todos los Gauleiters en el que se indice que no deben incendiarse ni destruir establecimientos judíos.

Estas pruebas son ignoradas par todos los historiadores alemanes. Y hay más ejemplos.

Las llamadas telefonicas de Heinrich Himmler

En el archivo de Coblenza se guardan los registres que Himmler escribia sobre sus llamadas telefónicas. Esto es ignorado. Yo hice pasar estes textes manuscrites a máquina para comprender mejor lo que decia Himmler a sus generales.

El 30 de Noviembre de 1941, Himmler comunica a Heydrich, de la Gestapo, el mensaje: “transporte de judíos desde Berlín. No hay que liquidarlos”. Esto tampoco ha sida citado nunca. Himmler llamó al mismo búnker de Hitler, al que preguntó qué hacer con los miles de judíos que estaban siendo evacuados. Y él contestó: “no hay que liquidarlos”.

Lo que sucedio el 30 de Noviembre de 1941 en Riga es que fue asesinado un grupo de judíos par las SS. He encontrado un documento inglés confirmando este. No obstante, hay también muchos otros documentos que atestiguan que Hitler ha tratado de evitar todas las acciones contra los judíos.

En Coblenza encontré otro documento que tampoco ha difundido nadie. En él, el Ministerio del Interior informa que el Führer Adolf Hitler no quiere preocuparse con una solucion al problema judio hasta que la guerra no haya terminado. Es algo tipico de Hitler. Alemania se encuentra ante una gran catástrofe y entonces Hitler se niega a dedicar tiempo ahora a la cuestión judía. Sin embargo, para el resto de los historiadores, Hitler solo estaba preocupado par dos casas: el es pacio vital y el exterminio de los judíos. Esto es absurdo pues evidentemente no mátó a todos los judíos.

No quieren mostrar estes documentos y enfonces no encuentran otra solución mejor para mí más que llamarme “neonazi “.

La policía austriaca tiene orden de detenerme par las últimas conferencias que he dado allí. No tienen otra arma contra mí, pues yo puedo probar la verdad.

Las camaras de gas

Y la verdad es que no hubo cámaras de gas en Auschwitz.

Ahora sí las hay. Pero todo son falsificaciones posteriores a la guerra.

Existen varíos indicios de la falsificación llevada a cabo par los polacos. Y este no es una sorpresa. Los americanos hicieron lo mismo en Dachau y durante muchos años se enseñó una cámara de gas a los turistas hasta que el gobierno alemán admitió que se trataba de una faisificación americana y fue retirada.

La evidencia de la falsificación de Auschwitz es la siguiente. Al entrar en la cámara de gas pueden verse unos orificios cuadrados en el techo. Esto se debe a que los testigos decian que los alemanes echaban par ahí los cristales de cianuro. Por eso, posteriormente, los polacos abrieron esos orificios cuadrados en el techo. Este trabajo se vio a veces, pues tropezaban con trozos metálicos de vigas. Ustedes podrán ver estes detalles porque pensamos editar un vídeo dentro de pocos meses con estas y otras evidencias. Además, los orificios fueron enmarcados con madera moderna. Estos trabajos debieron realizarse en los años 50. Pero, en 1978, se publicaron las fotos que tomaron las fuerzas aliadas en 1944 al sobrevolar Auschwitz. Ampliando estes fotografías, no aparece ninguna obertura en el techo, lo cual indice un trabajo posterior destinado a contradecir los testimonios. Es una clara prueba de la falsificación, pero hay otras. La “cámara de gas” de Auschwitz tiene dos puertas que dejan debajo una rendija de casí 10 centimetros. Esto es imposible. Una cámara de gas ha de ester herméticamente cerrada. Además, hay una ventana con cristales corrientes, que se pueden romper con facilidad. Esto seria un detalle absurdo en una cámara de ges, pero no en un deposito de cadáveres que es lo que en realidad era. No obstante, si había una cámara de gas en Auschwitz y no se muestra a los visitantes. Es muy pequeña y fue diseñada par los alemanes para desinfeccion de ropas, pues había grandes epidemias de tifus. Esta cámara sí tiene fuertes puertas de acero. No tiene ni punto de comparación con las otras. ¿Por qué hacer cámaras de gas tan seguras para la ropa y tan ridículamente débiles para las personas? Esta pequeña cámara de gas tiene su importancia.

el ‘informe Leuchter’

El ingeniero americano Fred Leuchter, especialista en cámaras de gas americanas ha tomado 31 muestras de las cámaras de gas para personas y una — con mucha dificultad — de la destinada para la ropa. Llevo estas muestras a los laboratorios de los Estados Unidos y se encontró que en las 31 muestras de las cámaras grandes no había el mener resto de cianuros y en cambio en la muestra de la cámara de gas pequeña habia cianuro en proporci6n de 1050 mgrs. por cada Kg. Me tiene que explicar el señor Wiesenthal como es posible matar a millones de personas con CNH/Zyklon B sin dejar restos y en cambio sí dejarlos al desinfectar ropas. Este es un resultado concluyente.

Por tanto, surgen tres preguntas importantes. Si no había cámaras de gas en Auschwitz, ¿de dónde viene esa leyenda? Y digo leyenda y no mentira, pues ahora millones de personas en todo el mundo lo creen coma una religion. Yo antes también era un buen creyente. Y si no habia cámaras de gas, ¿donde están los seis millones de judíos desaparecidos?

Por último, ¿c6mo explicar los testimonios de tlo supervivientes? Esto es para el psiquiatría. ¿Por qué alguien dice ver algo que no ha visto? Hay varias explicaciones: un detalle importante es que o hombre es un ser orgulloso y a nadie le gusta confesar que ha estado en un lugar tan famoso como Auschwitz y no ha visto nada. Ha de haber visto algo. Gracias al cine, la television, revistas, etc. ya saben lo que vieron. Por eso al principio los testimonios eran muy diversos y contradictorios y ahora ya están unificados. Ya todo el mundo habla de los cristales de cianuro que arrojaban par el techo, etc. Este tipo de casos no son exclusivos de los campos de concentracion. Así habla un hombre que decía ser el piloto que solto la bomba sobre Hiroshima, y par elle los remordimientos le impedían dormir. Años después se descubrio que él nunca estuvo en aquel avion, sino que iba en otro muy proximo e imagino haber sido él. También encontramos al soldado que presumía de haber trabajado en los laboratorios secretos alemanes y que escribio un libro sobre las armas secretas. Como los ingleses estábamos interesados en el tema, comenzemos a preguntarle par cierto tipo de cohete y decía haberlo visto todo. Contesto con increíble fantasía a nuestras preguntas sobre las características y el combustible empleado en aquellos cohetes que resulto no ser el que él decía.

Al igual que estes hombres todos los judíos que han estado en Auschwitz dicen que lo han visto todo. Pero casí todo lo que han visto es nada.

Hay un superviviente de Auschwitz, un testigo muy importante, que ha escrito unas memorias en las que asegura que par el humo él podía saber si estaban quemando a un húngaro o a un polaco. Así de absurdas son sus historias. También dicen que habfí una piscine en Auschwitz en la cual metían a todos los judíos para luego electrificarla y matarlos. Claro que habia una piscine en Auschwitz para los prisioneros, se ve en las fotos.

Y había una cámara de gas individual que llevaban los alemanes par los campos de Polonia buscando víctimas solitarias. Su método se basaba en el de cabine telefonica de la cámara de gas. Dec(ín al judío: “le llaman a usted”. Y ya estaba dentro la víctima. Este es el tipo de historias que cuentan.

La leyenda

La otra pregunta, ¿de donde vino esta leyenda?. Esto tiene una contestacion muy interesante. De nosotros, los ingleses, expertes en la mentira y la falsificacion. Yo soy una excepcion, pero no otros ingleses.

La propagande es un arma muy importante durante la guerra. Aquí hay un ejemplo. Estas fotos fueron difundidas par nosotros a millares en Alemania. En ellas se ve a unos soldados alemanes ejecutando civiles yugoslavos. Posteriormente, hicimos otra version cambiando el número de víctimas mediante un hábil fotomontaje. También lanzamos faisas cartillas de reclutamiento sobre Alemania para perjudicar su economía.

El P.W.E. (Political Warfare Executive) era el departamento inglés responsable de la guerre psicologica. Tengo aquí los documentos de los archivos ingleses de éste Ejecutivo de Propaganda. Según elles, en agosto de 1942 llegaron rumores par canales judíos de que los alemanes los estaban matando par millones en cámaras de gas. El “Foreign Office” enseguida se dia cuenta de que se trataba de una mentira, pues los polacos y los judíos siempre estaban mintiendo para predisponer a Inglaterra contra Alemania. No obstante, el P.W.E. decidio emplear estes historias coma base contra los alemanes. Empezamos a arrojer sobre Alemania millones de papeles hablando de las ejecuciones en cámaras de ges. Fue una mentira de la que empezaron a oir el eco a los pocos meses.

En agosto de 1943 los primeros ministres de Checoslovaquia y Polonia, entonces en el exilio de Inglaterra, pidieron a Churchill y a Roosevelt difundir la acusacion de que Alemania estaba exterminando a millones de judíos y polacos en cámaras de gas en el Este de Polonia. El jefe de la propagande inglesa envía un mensaje a Churchill en el que desaconseja firmar esa acusación: “He descubierto que se trata de una mentira que puede paner en peligro nuestra propagande”. Pocos meses después dice: “No sé cuánto tiempo más podramos mantener que los alemanes están matando judíos en cámaras de gas. Es una mentira grotesca, coma la de que los alemanas en la I Guerra Mundial fabricaban mantaquilla con los cadáveres de sus enemigos, y aquello hizo perder la credibilidad a nuestra propaganda”.

Así pues, los documentos ingleses llevan a que fue Inglaterra misma quien originó el mito de las cámaras de gas.

Ahora ya podemos decir qué occurrio realmente en Auschwitz.

¿Que ocurrio en Auschwitz?

Hace 2 meses, el 21 de septiembre de 1989, la agencia soviética Tass ha hecho públicos los archivos de Auschwitz y de otros campos de concentración. Aquí constan los registres de los prisioneros y de los fallecidos. Había 300.000 prisioneros en Auschwitz y el total de fallecidos resulta ser de 74.000, no de 4 millones o 2 millones, coma se lee todos los días en los periodicos. ¡74.000! Ni uno más ni uno menos.

Simon Wiesenthel tiene que explicar también esta disparidad de cifras. ¿Por qué habla él de “millones” y los archives rusos de”74.000″? De estes fallecidos, más de la mitad murieron par causas naturales (desnutricion, tifus, enfermedades… ).

Por tanto, serían asesinados menos de 40.000 prisioneros.

En el de Hamburgo murieron 48.000 personas en una sola noche. Por eso para mí Auschwitz y el “Holocausto” no son mas que una noticia a pie de página, igual que el bombardeo de una ciudad y no el episodio más sensaciónal de la guerre.

Es un crímen, pero en todo país y en todo régimen hay criminales. Quizá impulsados par los discursos antisemitas de Hitler, quien, par otro lado, hacía lo posible par proteger a los judíos.

Bueno, si no hubo cámaras de gas en los campos de concentración, ¿qué paso entonces con los 6 millones de judíos? Los datos estadíticos son muy débiles para saber si desaparecieron o no 6 millones.

Los crimenes del este

Es muy importante saber que los alemanes fusilaron muchos judíos en Europa Oriental. Un documento inglés de abril de 1945, totalmente secreto, se refiere a unos importantes personajes alemanes que estaban prisioneros en una mansion en el sur de Inglaterra. Estos hablaban sin saber que el lugar estaba absolutamente sembrado de microfonos ocultos. Es algo que no está permitido por la Convencion de Ginebra, y par eso el documento es secreto. Allí, un coronel alemán habla ácerca del 30 de Noviembre de 1941, y dice que precisamente se hellaba entonces en Riga (Estonia), donde oyo que iban a matar a unos judíos procedentes de Berlin. El coronel cuenta que hablo con el oficial de las SS en Riga para protestar. “Dije a ese oficial, Altemeier, que no los matase porque servían para trabajar”. “He de matarlos. Tengo ordenes”. “Pero ha de hacerme caso. Son muy importantes como trabajadores”. Pero él insistio en que había que matarlos.

Llega el ferrocarril de Berlín y los judíos son escoltados por las SS hasta un lugar a 8 Km. de Riga. El coronel habla entonces con el General Jacobs y éste le pide que le informe de lo que vea. El coronel dice: “He visto a un grupo de hombres que estaban fusilando esta mañana a los judíos”. Habían cavado unas trincheras que eran de 24 par 3 metros y los judíos formaban una larga hilera.

Luego eran colocados en filas para ser fusilados. Asegura entonces el coronel que ha podido verlo todo. Pero años después, al ser interrogado, dice que no via nada. Cuando informan a Jacobs, éste dice: “No sabemos qué hay que hacer. ¿Cómo podemos informar al Führer?”. Nadie quiere redactar y firmar el informe que hay que enviar y terminan entregándoselo a un soldado. Dos días después, el coronel habla otra vez con Altmeier, que responde: “Es una lástima. Ha llegado una orden de que en el future no deben repetirse ejecuciones como ésta”. Una vez más, Adolf Hitler se muestra disgustado par las acciones contra los judíos.

Por el tamaño de estes trincheras podría calcularse que pudieron morir nueve o diez mil judíos ese día en Riga. Es una ejecucion muy conocida.

Si me preguntan qué pasaba con los judíos, he de contestar que hubo matanzas llevadas a cabo par criminales alemanes y rusos. Pero millones de judíos sobrevivieron a la II Guerra Mundial. Millares dejaban Auschwitz a finales de 1944 para convertirse en refugiados, En esta época, morían millones de refugiados de todos los bandos par el frío, los ataques aéreos, etc.

Casí en cada programa de television hay un superviviente de Auschwitz, lo cual demuestra que no hubo ninguna orden de exterminio.

Los refugiados judíos en su mayoría fueron a parar a campos aliados. Allí trabajaba una organizacion secreta judía, la “Haganna”, una asociacion de terroristas que lucho contra nosotros, los ingleses en Palestina, donde comenzaban una nueva vida con una nueva identidad.

El escritor Raoul Hilberg dice que de los 7.000 judíos evacuados de Roma a Auschwitz solo regresaron 700. De ahí deduce el exterminio del resto, pero lo más probable es que fueran trasladados también a Palestina.

Y aquí termina lo que quería decir. Es una historia muy interesante pero peligrosa para nosotros, los que lo investigemos. Si me preguntan por qué lo hago después de todos los peligros y molestias que me supone, diré que solo hay un motivo. Para mí, como historiador, lo importante es investigar la verdad y luego buscar editoriales que se atrevan a difundirla. Un escritor alemán cambio todas mis opiniones en mi libre sobre Hitler. Por eso ya no en Alemania. Yo puedo trabajar sin Alemania. Para mí es más importante la verdad.

Hay solamente una Verdad y la Verdad hace libre.

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Cedade, Barcelona, No 172, novembre 1990, pag. 20-25

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )

En las camaras de gas de Auschwitz – por Fred A. Leuchter

21 Ott

En las camaras de gas de Auschwitz

 

por Fred A. Leuchter

 

 

Introducción

 

1988 fue un año muy informativo y asimismo un inquietante año. Quedé pasmado al comprender que una gran parte de lo que fui enseñado en la escuela sobre la historia el siglo XX y la Segunda Guerra Mundial era un mito, si no una mentira. Primero estuve sorprendido; después molesto; después concienciado; el mito del Holocausto estaba muerto.

Como todos los niños Americanos nacidos durante y después de la Segunda Guerra Mundial, fui enseñado sobre el genocidio perpetrado por los Nazis sobre los Judíos. Hacia la época en que alcancé la Universidad, no tenía ninguna razón para no dejar de creer en nada de mi educación, excepto que tenía algunos problemas para tragarme los números de muertos, que se dijeron que eran un total de más de seis millones de personas. Pero ahí paró. Yo creía en el genocidio Nazi. No tenía ninguna razón para no creerlo.

Unos veinticuatro años después, un muy creyente ingeniero estaba sentado en su mesa de trabajo en una tarde nevada de Enero, cuando sonó el teléfono. Este muy creyente ingeniero estaba a punto de recibir una muy chocante lección de historia, una que le causaría el cuestionarse que la mentira del Holocausto, de cincuenta y cinco años de edad, y la aplicación de ea mentira a generaciones de niños. “Hola, soy Robert Faurrisson” — y este muy creyente ingeniero no creería más.

Antecedentes

Durante los últimos nueve años he trabajado con la mayoría si no todos, los estados de los Estados Unidos que tienen pena capital. Diseño y fabrico equipamiento para ejecuciones de todo tipo, incluyendo sistemas de electrocución, equipamiento para inyecciones letales, horcas y equipos de cámaras de gas.

He sido consultado, o suministrado equipamientos, a la mayoría de los estados y al gobierno federal.

Debido a mi asociación con los estados en esta materia, fui recomendado a la defensa de Zundel como asesor sobre cámaras de gas por Warden Bill Armontrout del Penitenciario del Estado de Missouri.

Después de contestar mi teléfono en esa fría tarde de Enero, me reuní con el Dr. Robert Faurisson dos veces en Boston y, como resultado de estos encuentros, fuí citado en Toronto para reunirme con Ernst Zuendel, el abogado Douglas Christie y el resto del muy capacitado equipo de Zuendel.

El Dr. Robert Faurrison había postulado trece años antes que un especialista en cámaras de gas debía ser buscado para poder evaluar las que se afirmaban que eran cámaras de gas en Polonia y para informar sobre su eficacia para objetivos de ejecución.

El fin de semana del día de San Valentín nos encontrábamos yo y Carolyn, mi mujer desde hace dos semanas, en Toronto. Siguieron dos días de largas reuniones, durante las cuales me enseñaron fotos de las que se afirmaban que eran cámaras de gas en Polonia, documentos Alemanes y fotografías aéreas de los Aliados. Mi examen de este material me llevó a cuestionarme si estas cámaras de gas eran de hecho, instalaciones de ejecución. Se me preguntó si iría a Polonia y si realizaría una inspección física y un análisis forense reflejando los resultados en una evaluación escrita de estas supuestas cámaras de gas, algunas en sitios de los que jamás había oído hablar.

Después de una debida consideración, acepté e hice planes para ir a Polonia, aguardando una fecha con una mínima capa de nieve. También declaré que aunque las fotos y los documentos parecían apoyar la opinión de que estos lugares no eran, de hecho, instalaciones de ejecución, me reservaría el juicio final hasta después de mi examen y, si determinaba que estas instalaciones eran, de hecho, o pudieron haberlo sido, cámaras de gas para ejecuciones, yo declararía ésto en mi informe. El informe final pensaba ser utilizado como evidencia por la defensa de Ernst Zuendel en su juicio criminal pendiente en Toronto, y debía estar preparado para testificar bajo juramento.

Los preparativos para el viaje me requirieron llevar sencillas bolsas, revistas de documentación y herramientas. Muy pocos turistas llevan martillos, cinceles, taladros y cinta para medir mientras viajan. Los escondí en el forro de mi maleta y esperé que ocurriese lo mejor. Además, tenía mapas de Polonia, Checoslovaquia y Austria, en el caso de que tuviésemos que realizar una apresurada y no programada salida. Y finalmente, los regalos con los que sobornamos a las personas del museo para que nos suministrasen copias de documentos de los Archivos del Museo.

Nuestro equipo

Fui afortunado al tener un competente y seguro grupo de profesionales: mi mujer Carylon, mi asistente general; el Sr. Howard Miller, delineante; el Sr. Juergen Neumann, cinematógrafo; el Sr. Tijudar Rudolf, intérprete. Todos sabían, que si nos cogían, el gobierno Polaco tendría un tenebrosa visión de nuestras actividades y propósitos, dejando de lado la supresión de mis muestras de santuarios y monumentos nacionales.

Y los dos miembros de hecho de nuestro grupo, el Sr. Ernst Zuendel y el Dr. Robert Faurisson, que por obvias razones no podían acompañarnos en persona, pero que sin embargo, estaban con nosotros en espíritu en cada paso en el camino.

El viaje

El 25 de Febrero de 1988, tomamos rumbo a Polonia. Neumann y Rudolf, el contingente canadiense, se unieron a mi y al resto del equipo en Frankfurt.

Llegamos a Cracovia a última hora de la tarde y pasamos nuestra primera noche en el Hotel Orbis. Consumimos nuestra primera, de tres, comidas decentes en Polonia. Al siguiente día fuimos en coche a Auschwitz. Llegamos al Hotel de Auschwitz y fuimos saludados por el olor a desinfectante de sulfuro de nafta, un olor con el que no me había encontrado en muchos años. El hotel es aparentemente el alojamiento de los antiguos oficiales del campo. Comimos en el comedor del Hotel, una instalación al estilo de una cafetería. Esta fue nuestra primera comida no identificable, sopa de almidón y varios.

Realizamos una visita de reconocimiento del campo, durando hasta la tenebrosa luz del la tarde Polaca y varias ráfagas de nieve, un hecho común. No cenamos, ya que no encontramos lugar alguno para comer en Auschwitz después de la puesta de sol en nuestra primera noche.

Auschwitz y Birkenau

El siguiente día empezamos nuestro trabajo en las que se afirmaban que eran cámaras de gas en el complejo de Auschwitz. Desafortunadamente, fuimos incapaces de terminar mucho debido a las constantes interrupciones de las visitas del domingo, tanto oficiales como no oficiales.

Carolyn se mantuvo en guardia en una entrada y Tijduar en la otra, avisándome a mi, a Jurgen y a Howard de su llegada. Era demasiado peligroso el tomar muestras forenses y filmar, por lo que nos fuimos a Birkenau hacia el mediodía.

En Birkenau empezamos un paseo de cuatro horas en el maldito frío Polaco y a través de ráfagas de viento y nieve tan densas que no podíamos vernos los unos a los otros a distancias mayores de unos pocos pies. Desafortunadamente, no esperamos el pasar tanto tiempo caminando a través de campo y, dado que los vehículos no están permitidos en su interior, dejamos a Carolyn detrás nuestro en el coche. Dado que nos olvidamos el dejarla las llaves, casi se congela en la fría tarde Polaca. Visitamos los barracones, los Crematorios II, III, IV y V, la sauna y los supuestos hoyos de cremación. Tomamos muestras, documentamos nuestras actividades en cinta de vídeo y en fotos, e hicimos dibujos a escala de estas instalaciones, documentando cuidadosamente los lugares de donde retiramos todas las muestras forenses. Tuvimos que forzar la entrada al edificio de la sauna, ya que estaba cerrada.

En el Crematorio II; descendí a las profundidades de la supuesta cámara de gas, un mojado, húmedo lugar subterráneo no visitado por el hombre en casi cincuenta años. ya que el edificio había sido reducido a añicos, probablemente por un equipo militar de demoliciones Alemán. Afortunadamente, había menos guardias y menos tráfico peatonal, haciendo nuestras condiciones de trabajo considerablemente mejores que las que tuvimos antes, en Auschwitz.

Habiendo sido instruidos por nuestros vacíos estómagos de la noche anterior, encontramos y comimos en un restaurante en la estación de autobuses, el único válido restaurante en Auschwitz. Retornamos al Hotel Auschwitz para la noche.

Al día siguiente, Lunes, empezamos nuevamente nuestro trabajo en Auschwitz, habiendo finalizado las visitas dominicales. Fuimos capaces de obtener nuestras muestras, cintas y documentación. habíamos, para entonces, obtenido huellas azules de las supuesta instalación de cámaras de gas y éramos capaces de seguir los cambio estructurales hasta las fechas en cuestión. También verificamos la existencia de un desagüe en el suelo en el período de tiempo del uso de las supuestas cámaras de gas. Como conclusión en Auschwitz, condujimos nuevamente a Birkenau para tomar nuestra muestra de control en la instalación de desinfección número 1. Desafortunadamente, el edificio estaba cerrado y otra vez tuvimos que forzarlo y entrar para acceder a la cámara de desinfección. Otra vez comimos en la estación de autobuses, y nos retiramos pronto al Hotel Auschwitz.

En la mañana del Martes, mientras esperábamos el fallido intento de Tjudar de obtener una lata de Zyklon-B, Jurgen y yo realizamos unas cintas de vídeo de los lugares dentro del campo. Nos trasladamos del Hotel Auschwitz a un hostal cercano, obteniendo unas habitaciones recién dejadas libres. Comimos en la estación de autobús y nos retiramos pronto.

En al mañana del Miércoles comimos un muy agradable desayuno de jamón, queso y pan (nuestra segunda comida decente en Polonia) y empezamos nuestro viaje a Lublin para ver Majdanek. Tras un último vistazo a Auschwitz, cogimos el coche hacia Majdanek.

Lublin (Majdanek)

Varias horas después, llegamos a Majdanek, y visitamos el museo, la reconstrucción de la supuesta cámara de gas y del crematorio. Finalmente llegamos a la desinfección 1 y 2 y examinamos las instalaciones. Era extremadamente difícil trabajar, ya que el guardia hacía rondas cada diez o quince minutos. Las supuestas cámaras de gas estaban bloqueadas con puertas y no accesibles para una inspección detallada para el público general. Era necesario para mi el traspasar estas puertas para entrar en las áreas prohibidas. Otra vez Carolyn y Tijudar se mantuvieron vigilando mientras yo tomaba medidas y hacía un examen detallado de estas áreas. Una vez casi nos pillan: fui forzado a pasar el obstáculo de la puerta y estaba todavía en el aire en medio de un salto cuando entró el guardia. Afortunadamente, estaba más interesado en Jurgen y su cámara como para verme a mi antes de que tocase el suelo.

El retorno

El campo cerraba a primera hora de la tarde y el guardia, algo antipático, nos dijo que lo abandonásemos. Hacia las tres estabamos de camino hacia Varsovia, un viaje que nos llevaría cinco horas a través de la lluvia y la nieve. Nuestra reserva del hotel se perdió, pero afortunadamente, con la ayuda de un miembro de la embajada, pudimos pedir habitaciones en otro hotel.

Tuvimos nuestra tercera comida comestible en Polonia esa noche y fuimos a la cama para preparar nuestro viaje de vuelta a casa el Jueves. A la mañana siguiente desayunamos y nos dirigimos al aeropuerto para nuestro viaje de vuelta.

Subimos abordo del avión de las líneas Polacas tras pasar por aduanas -mi maleta, conteniendo veinte libras (N.T. Nueve kilos) de muestras prohibidas, afortunadamente ninguna de las cuales fue encontrada. No respiré tranquilo hasta que pasamos el puesto de control de pasaportes de Frankfurt. Nuestro equipo se dividió en Frankfurt, para los viajes de regreso a Estados Unidos y Canadá, respectivamente. Tras nuestra vuelta (el 3 de Marzo), entregué las muestras forenses en un laboratorio de ensayos de Massachusetts. Tras recibir los resultados de las pruebas, preparé mi informe, combinando mi conocimiento sobre las instalaciones de cámaras de gas y los procedimientos con el estudio que había completado en los crematorios y con las respuestas de fabricantes de los Estados Unidos. Con los resultados de mi investigación creo que todos están familiarizados.

Como conclusión a mi informe testifiqué en Toronto -pero eso es otra historia, para otro momento.

Los hallazgos

1. Cámaras de gas

Los resultados publicados en el Informe Leuchter son algo importante. Categóricamente, ninguna de las instalaciones examinadas en Auschwitz, Birkenau y Lublin pudieron haber aguantado, ni de hecho aguantaron, múltiples ejecuciones utilizando ácido cianhídrico, monóxido de carbono o cualquier otro supuesto o actual gas letal. Basándonos en muy generosamente máximas estimaciones para todas las supuestas cámaras de gas, contabilizando 1.693 personas por semana, y asumiendo que las instalaciones podían albergar ejecuciones con gas, se hubiesen necesitado sesenta y ocho (68) años para ejecutar al supuesto número de seis millones de personas. Esto quiere decir que el Tercer Reich existió durante unos setenta y cinco (75) años. Considerar estas instalaciones como capaces de efectuar ejecuciones masivas, múltiples o incluso individuales, es ridículo e insultante para cualquier individuo de este planeta. Más aún, aquellos que promocionan esta falsedad son negligentes e irresponsables por no investigar estas instalaciones antes y cerciorarse de la verdad antes de adoctrinar al mundo con lo que puede haberse convertido en el mayor truco propagandístico de la historia.

2. Crematorios

De igual importancia son los errores exterminacionistas relativos a los crematorios. Si estos crematorios, operando a un ritmo teórico máximo cada día, sin parar momento alguno y a un ritmo constante (una situación imposible), y si aceptamos la cifra de al menos seis millones de ejecuciones, el Tercer Reich duró durante al menos cuarenta y dos (42) años, ya que hubiese llevado treinta y cinco (35) años como un imposible mínimo para cremar a estos seis millones de cuerpos.

Nadie, por mucho que extienda su imaginación, podrá afirmar (ni siquiera pensar) que el Tercer Reich duró setenta y cinco (75) años, ni siquiera cuarenta y dos (42), pero nos quieren hacer creer que seis millones de almas fueron ejecutadas con un equipamiento que posiblemente no pudiese haber funcionado, más que un séptimo del tiempo mínimo necesario para ello.

3. Forense

Las muestras forenses fueron tomadas de los lugares visitados. Una muestra de control fue retirada de la instalación de desinfección 1 en Birkenau. Se postuló que debido a alto contenido en hierro de los materiales del edificio, en estos campos la presencia de ácido cianhídrico resultaría en la formación de un compuesto ferrocianuro férrico, como se evidencia por el azul prúsico en las paredes de las instalaciones de desinfección.

Un análisis detallado de las treinta y dos muestras tomadas en los complejos de Auschwitz-Birkenau mostraron 1,050 mg/Kg de cianuro y 6,710 mg/kg de hierro. Resultados mayores fueron encontrados en las supuestas cámaras de gas pero ninguna huella significativa de cianuro. Esto sería imposible si estos sitios estuvieron expuestos la gas del ácido cianhídrico, porque las supuestas cámaras de gas fueron supuestamente expuestas a cantidades mucho mayores de gas que la instalación de desinfección. Sin embargo, el análisis químico apoya el hecho de que estas instalaciones nunca fueron utilizadas como instalaciones de ejecución por gas.

4. Construcción

La construcción de estas instalaciones muestran que nunca fueron utilizadas como cámaras de gas. Ninguna de estas instalaciones estaban selladas. No se tomó nunca ninguna medida para prevenir la condensación de gas en las paredes, en el suelo o en el techo. No existió medida alguna para que se escapase la mezcla aire-gas de estos edificios. No existió medida alguna para introducir o distribuir el gas a lo largo de la cámara de gas. No existió alumbrado resistente a explosiones y no se hizo ninguna vez un intento para prevenir las gas de entrar en los crematorios, aun cuando el gas es altamente explosivo. No se tomó ninguna medida para proteger a los operarios de la exposición al gas o para proteger a las personas no participantes de la exposición. Específicamente, en Auschwitz, un desagüe en el suelo estaba conectado directamente al desagüe principal del campo. En Majdanek, un camino con pendiente hacia adentro, alrededor de la supuesta cámara de gas hubiera recogido la filtración del gas y hubiera traído como resultado una trampa mortal para el personal del campo. Ningún motor de extracción existió jamas. El gas del ácido cianhídrico es extremadamente peligroso, es un gas letal y en ningún lugar habían medidas para realizar un manejo seguro. Las cámaras eran demasiado pequeñas para acomodar más de una pequeña fracción de los números que se afirman. Simple y llanamente, estas instalaciones no podrían haber operado para cámaras de gas para ejecuciones.

5. Conclusión

Tras un examen minucioso de las supuestas instalaciones de ejecución en Polonia y sus crematorios asociados, la única conclusión a la que se puede llegar por una persona responsable y racional es el absurdo de la idea de que estas instalaciones fueron capaces de, o fueron utilizadas como, cámaras de gas para ejecuciones.

Fred A. Leuchter Jr., es el líder en América entre los especialistas en diseño y fabricación e cámaras de gas homicidas y otros equipamientos utilizados en la ejecución de criminales convictos. Su experiencia ha sido avalada por gobiernos estatales y en periódicos como “The Atlantic” (Feb. 1990), “The New York Times”(13 Oct. 1990) y “The New York Times Book Review”(22 Nov. 1992), así como en el “Phil Donahue Show” (donde apareció como invitado). Tras recibir su licenciatura en la Universidad de Boston en 1964, realizó trabajos de postgraduado en el Observatorio Astrofísico “Harvard Smithsonian”. Leuchter tiene patentes y numerosos servicios técnicos de alta sofisticación, incluyendo sextantes, instrumentos de supervivencia y equipos ópticos de cifrado.

A pesar de la intensa presión para repudiar sus hallazgos, Leuchter se mantiene desafiante sobre su investigación de 1988 sobre las supuestas cámaras de gas de exterminio. Como resultado, poderosos grupos de interés especial han hecho de él objeto de una viciosa campaña de calumnias, destruyendo su carrera.


Traducción de “Inside the Auschwitz `gas chambers’ ” por Fred A. Leuchter, Jr.

 

Este documento fue presentado en la Novena Conferencia Revisionista del IHR (1989), y publicada en el número del verano de 1989 del “The Journal of Historical Review”.

Mundo NS, 94, Enero 1998.

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )