11 de septiembre, algunas suposiciones – por Serge Thion

22 Ott

11 de septiembre, algunas suposiciones

 

por Serge Thion

 

 

En primer lugar, hay que decir que la versión oficial ofrecida por las autoridades norteamericanas de lo que ocurrió en New York, Washington y otros lugares el 11 de septiembre del 2001 no es creíble. Por cierto, hay autoridades, en el momento en que nous proporcionan la primera versión de lo que llamaremos la explicación Bin Laden, que han reconocido que era increíble y que sería apuntalada con pruebas fehacientes, en los días siguientes y semanas venideras. Dichas pruebas, al cabo de dos meses, todavía no han han aparecido. A la tentativa grotesca del payaso inglés Blair para justificar la “Explicación Bin Laden” la precedió un divertido aviso insistiendo sobre el hecho de que las pretendidas pruebas que se le dieron a conocer no las aceptaría ningún tribunal, lo cual ya era otra forma de confesar que la explicación era increíble.

Desde el 11 de septiembre, varios miles o varias decenas de miles de policías, del FBI pero también de los servicios de policía de numerosos países y espías de toda laya, incluyendo los que están arrasando en las casonas abandonadas de Kabul, se lanzaron al acoso de Bin Laden y sus supuestos asociados, sin que se dibuje otra cosa que una vaga nebulosa de actividades vinculadas a varios conflictos en el que tienen que ver fracciones islamistas. La Explicación Bin Laden nunca levantó el vuelo.

La idea de que un grupo particular, identificable, de militantes que se podrían calificar como islamistas llegó a planificar, organizar y perpetrar el atentado del 11 de septiembre, bajo tutela de una especie de directorio agrupado en torno a Ben Laden todavía no ha recibido confirmación probante por parte de las autoridades que tienen todos los recursos para esclarecer este asunto. No estamos hablando de las zonas de sombra, de lo que trataremos más adelante, sino del principio general de explicación de los acontecimientos.

Esta explicación es increíble, por lo tanto no creo en ella. Pero antes de adentrarnos en las razones de nuestra increencia, hay que recordar algo evidente. Hubo complot. Para una persona como yo, que siempre he manifestado rechazo por las teorías que explican los acontecimientos históricos por complots o conspiraciones, teorías que han recibido el mote de “conspiracionistas”, resulta claro que los acontecimientos manifiestamente coordinados del 11 de septiembre son el producto de la cooperación secreta de cierto número de individuos, que disponían de recursos sobre los cuales uno se podría extender. Por consiguiente, sin convertirse para nada al “conspiracionismo”, hay que postular una conspiración como origen de la fuerza motriz que ha puesto los acontecimientos en movimiento.

¿Por qué es increíble la Explicación Bin Laden? Porque no se planifica una operación tan amplia y compleja, en un país como los Estados Unidos, a partir de otro país totalmente desprovisto de infraestructuras, cuyos escasísimos teléfonos por satélite están bajo escucha del sistema Echelon, donde toda comunicación con el extranjero debe hacerse, penosa y tortuosamente, con desplazamiento de individuos.

La explicación Bin Laden es increíble porque no se conoce ninguna causa, ningún movimiento político capaz de encontrar veinte militantes listos, para tal día y tal hora, tras complejísimos movimientos de acercamiento, para suicidarse juntos. Se sabe bastante de las prácticas que rodean los atentados-suicida, pues han sido observadas en Sri-Lanka, con los ” tigres de Eelam”, los independentistas tamules, o los libaneses y palestinos que han atacado de esta forma a las fuerzas de ocupación israelí en su tierra. Siempre se trata de un solo individuo a la vez, preparado desde mucho atrás, bien circundado y que solamente se encuentra solo en el momento final, algunos minutos o decenas de minutos antes de realizar su gesto. Todo lo que se sabe de estas situaciones paroxísticas hace extraordiariamente improbable que una organización tan vaga y confusa como la que nos propone la Explicación Bin Laden haya podido preparar y coordinar, el acto suicida que hemos podido ver el 11 de septiembre.

La Explicación Bin Laden es increíble porque si una organización hubiera coordinado y preparado realmente a los kamikazes, hubiera dejado huellas, y los miles de policías lanzados sobre el rastro las hubieran encontrado fácilmente. Pero las huellas dejadas por los autores supuestos no revelan ninguna organización, sino solamente la existencia de personas sensibles a los temas políticos del islamismo y que hablan de eso con sus conocidos. Son emigrados y se mueven de un lugar a otro como hacen todos los emigrados. Ningún tipo de “red” ha aparecido y se sabe lo que es una red para la acción clandestina. Las pruebas prometidas por el FBI en ese terreno, el que le corresponde, faltan por completo. Muchos elementos ofrecidos por el FBI en esta oportunidad sugieren que se trata de fabricaciones (cartas, “manuales de pilotaje” ¡en lengua árabe¡, etc).

La Explicación Bin Laden es increíble porque una asamblea de pilotos de avión americanos, civiles y militares, la ha juzgado totalmente inverosímil, desde el punto de vista técnico, el de la técnica del pilotaje. Los pilotos profesionales opinan que unos pilotos aficionados, desprovistos de experiencia, jamás hubieran podido mantener los aviones sobre unas trayectorias tan precisas y delicadas. Consideran todo eso como una imposibilidad absoluta. De la misma forma, están convencidos de que unos pilotos profesionales, incluso bajo pena de muerte, no hubieran lanzado sus aviones contra las torres. Si se le concede la menor importancia a lo piensan juntos pilotos civiles y militares, profesionales confirmados, no se puede creer que diez y nueve emigrados árabes, de los cuales algunos parece que tomaron algunos cursos de pilotaje, fueron los que llevaron a los aviones a estrellarse contra la torres de New York.

Los pilotos piensan en los nuevos sistemas que están instalados en los aviones más recientes y que permiten, precisamente, para evitar los secuestros, tomar el control del mando a partir de la tierra o de un aeronave situado a proximidad. Estos sistemas de telepilotaje ya son perfectamente operacionales y uno de los pilotos relató así cómo había manejado por control remoto un gran avión vacío de California hasta Australia. De modo que era factible, técnicamente, tomar el control de los aviones “secuestrados” el 11 de septiembre, encaminarlos según su trayectoria fatal, sin que nadie, dentro del avión, ni siquiera los pilotos, estuviera en condiciones de intervenir para nada.

Por esto proponemos, como suposición, que una voluntad exterior se le impuso a los cuatro (¿?) aviones del 11 de septiembre. Esta suposición tiene la ventaja de explicar por qué no se encuentra nada para achacarles seriamente a los “diez y nueve” árabes que se encontraban a bordo. Esta suposición tiene la ventaja de que explica cómo estos acontecimientos extraordinarios pudieron ocurrir, lo que no logra la Explicación Bin Laden.

Como consecuencia de esta primera suposición tenemos lógicamente otra suposición secunda: y es que esta voluntad exterior, la que guió a los aviones, es estadounidense.

En realidad, desde el primer instante de reflexión, el 11 de septiembre, aparecía que sólo una gente muy familiarizada con múltiples aspectos de la vida americana habían podido cometer semejante acto. Cuando se piensa en el número de reglas sociales, prácticas y simbólicas, que se deben observar, durante meses, para llegar a coordinar actos semejantes en un momento muy preciso, se tiende a prescindir de la hipótesis de que unos simples forasteros puedan ser algo más que títeres en ese asunto.

En cualquier caso, tenemos que ver con una conspiración. Puede haber sido árabe y estadounidense. La una pudo servir de pantalla a la otra.

Entre las inverosimilitudes de la Explicación Bin Laden lo más llamativo es el hecho de que ni la CIA ni los demás servicios de inteligencia americanos olfatearan nada, ni pudieran adelantarse a nada. Además está el hecho de que los aviones de caza que se encargan de vigilar permanentemente el cielo en el distrito de Columbia no recibieron alerta alguna. Claro, se puede atribuir estas “deficiencias” el estado lamentable de esos servicios, a su extrema nulidad siempre encubiertas con declaraciones altisonantes de autosatisfacción; Es probable que los servicios americanos sufren de una ineficacia cercana a la parálisis. Cualquiera que haya vivido en Estados Unidos, bajo el peso de su burocracia autoritaria y monstruosa, sabe que en gran medida es un sistema que funciona en el vacío.

Ha llegado el momento de presentar enteramente nuestra suposición: un grupo muy cercano a la cúspide del poder estadounidense se reúne para fraguar una conspiración. Esto se les ha vuelto imprescindible, o sea, según el enfoque de quienes suponemos, gente que se mueve muy cerca del poder real (el ejército, los bancos, las grandes empresas), por varios factores : la situación económica de los Estados Unidos está desmejorada y se avecina una crisis. A Bush Jr. le costó mucho llegar hasta la Casa Blanca, ha sido mal elegido, y, como buen imbécil que es, se precipita a posiciones aislacionistas, que sólo pueden incrementar las dificultades y los remolinos que se van a formar. América ha perdido muchos de sus recursos para imponer alianzas, y se nota en cada encuentro internacional, desde Seattle hasta Durban, pasando por Génova, que se amplía su aislamiento.

Paralelamente se plantea la cuestión del control de los enormes recursos petroleros que han sido identificados en Asia Central. Se volverán necesarios cuando las reservas del Golfo empiecen a declinar, en unos veinte años; desde hace diez años, todas las tentativas americanas, esencialmente diplomáticas y comerciales para apoderarse de ellas, han fracasado, por culpa de la resistencia de los rusos, que tienen los medios para imponer su voluntad a los estados gestados en la antigua URSS, y a causa de la pérdida de Irán, que es el amo en las relaciones geoestratégicas de la región. El equipo Bush comprende a varios especialistas de punta en estas cuestiones.

Al mismo tiempo, y he aquí otra suposición, algunos grupos islamistas están buscando la manera de dar un gran golpe contra los Estados Unidos. Los camiones de explosivo mal estacionados en el World Trade Center, el atentado con camión bomba en los inmuebles habitados por soldados americanos en Arabia Saudita, los atentados contra las embajadas US de Nairobi y Dar es Salaam y contra el buque de guerra Cole en las aguas de Aden, participan todos de la misma técnica, relativamente fácil de dominar : un tipo dispuesto al suicidio lleva al lugar indicado un vehículo cargado de explosivos y lo hace estallar. Se puede suponer que unos militantes islamistas, infiltrados en Estados Unidos, disponiendo de tiempo, dinero, y algunas complicidades locales, estaban intentando imaginar algo por el estilo. Se habló de licencias de conducción para vehículos pesados. Las lecciones de pilotaje servirían para alquilar o comprar un pequeño avión y utilizarlo como vehículo para arrojar explosivos.

O sea, mi segunda suposición es que algo se estaba tramando en los movimientos islamistas que posiblemente no tengan con Bin Laden, entretenido en la Yijad de Afganistán, más que vínculos de cortesía. Entre los rudos montañeses de la campiña afgana (o chechena, o argelina) y los occidentalizados que han recibido educación secundaria y superior, intelectual, política y técnica, en Europa y en Estados Unidos, se puede suponer que el diálogo se limita a intercambios breves y formales. Eso que los policías llaman “Al Qaida” (la base) posiblemente no tenga más que una existencia teórica.

Mi tercera suposición no tiene nada extravagante y se desprende de las dos primeras : es decir, que los conspiradores americanos que sólo pretenden una cosa, salvar a América de sus demonios y debilidades, se enteran por sus servicios de inteligencia de que unos islamistas árabes están preparando algo, un atentado más o menos espectacular. Y se sabe que la mayor parte de las movidas islamistas han sido financiadas y respaldadas por los servicios norteamericanos, desde mucho atrás. Mucho antes de la ocupación soviética de Afganistán (1979), los americanos apoyaban a Pakistán, primera creación mundial en la época moderna (1947) de un estado fundado sobre el Islam como teología política. Recordemos que ese estado se fundó sobre la negación y el desprecio de las formas políticas de los poderes tradicionales, como los que prevalecían y prevalecen aún en Afganistán. Los norteamericanos, en semejantes contextos, siempre han procurado manipular los movimientos políticos que debilitaban a sus socios del mundo industrial occidental, rivales viejos a los que, desde el presidente Monroe y su famosa “doctrina”, siempre han procurado eliminar, primero de los continentes americanos, pero también, luego, del Asia y del Medio Oriente, así como, en menor medida, del Africa. La dominación del mundo es una labor de larga paciencia.

Por todo esto, a los conspiradores americanos, les resulta fácil encontrar a los intermediarios que van a manipular a los militantes islamistas instalados en Europa y en Estados Unidos. Se les hace soñar con la posibilidad de dar el gran golpe. Tal vez se tratara de desviar un montón de aviones a un tiempo. Basta con no alertarlos con iniciativas desordenadas de los servicios de inteligencia, y conseguir que los servicios encargados de la protección aérea se estén quietos. Nada más fácil de realizar. El máximo patrón de los servicios secretos pakistaníes, uno de los que han colocado en el poder a los talibanes en el país vecino, se encuentra precisamente en Estados Unidos desde el 4 de septiembre. Se puede hacer la suposición, anexa y prescindible, que fue allá a supervisar los preparativos del caso.

Una vez que los candidatos islamistas para el golpe del siglo ya se han montado en los aviones, están entrampados. Creen en “su” función sin sospechar que hacen de comparsas en el guión de otros. Es el principio de la estafa. Se toma el control de los aviones, y conocemos lo que sigue. Dejemos de lado aquí los detalles de lo que pudo suceder en el Pentágono y en Pensilvania. Sabemos que las fotos de estos escarches no han sido comunicadas. Algo no anduvo según el plan. O los pilotos o los “secuestradores” intentaron retomar el control de la situación. Hay en esto varios misterios densos. Pero nuestra suposición no necesita aclararlos por ahora.

Lo que viene después es interesante. El vicepresidente y el presidente, Cheney y Bush Jr. son secuestrados por los servicios de protección, y permanecen incomunicados. Sigue un día de consultas telefónicas. Se puede suponer que los presuntos conspiradores exponen sus reivindicaciones a los dos palurdos que no tienen salida y ni siquiera saben dónde se encuentran. Puede que aparezcan fenecidos al poco rato, como “víctimas del terrorismo”. El presidente Bush, del cual no se debe olvidar que es extremadamente estúpido, recibe las condiciones preparadas de antemano por los conspiradores. No necesitan explicarle que ha habido estafa. Obtienen fácilmente que Bush cambie de política en 180 grados. El aislacionismo se convierte al instante en intervencionismo disparatado y expansión imperial a todo escape. Se le proporciona el principio de una alianza internacional (“contra el terrorismo”) que le permite al gobierno americano exigir pruebas de sumisión. Además, y este es el punto más extravagante, la Explicación Bin Laden permite proyectar fuerzas en Afganistán, y por lo tanto colocar las primeras fichas, imprescindibles, para una futura presencia militar en Asia Central, ahí donde se encuentran los campos petrolíferos del siglo entrante.

Algunos autores han utilizado la expresión “golpe de estado” para evocar lo que sucedió el 11 de septiembre y nuestra suposición lo contempla. Si uno compara lo que fueron la candidatura y los primeros pasos de la presidencia Bush con la opción que ha conquistado posiciones tras el 11 de septiembre, se puede decir que hubo golpe de estado entre bastidores. En realidad, gran parte de las actividades de las fuerzas armadas norteamericanas escapan a cualquier control. Técnicamente, los Estados Unidos no distan mucho de ser una especie de dictadura militar camuflada. El antiguo comandante en jefe está ahora en el Departamento de Estado. Los simpáticos giles que imparten ciencias políticas en las universidades no parecen tener idea de lo que es la naturaleza real del poder en el sistema estadounidense. El mundo de la ficción (filmes y novelas) posiblemente tenga más puntos de contacto con la realidad.

Queda por identificar a los conspiradores, los autores del golpe de estado y de la gran manipulación del 11 de septiembre. En mi opinión, hay que buscarlos en el entorno del viejo presidente Bush; veteranos de la CIA y de las grandes empresas petroleras, han estado sufriendo durante el eclipse impuesto por la etapa Clinton. Debieron tener la impresión de que el joven Bush era como un perrillo loco al que no se le podía aflojar la rienda, que lo iba a echar a perder todo con sus desplantes, que por supuesto conocen mucho mejor que nosotros. Había que darle a entender que sólo era presidente a modo de suplente. Además tenían una garantía : el presidente no los iba a denunciar a la opinión pública como conspiradores, pues forma parte de ellos, sin saberlo.

Todo esto es un conjunto de dos suposiciones, muy económicas desde el punto de vista de la lógica. Sin dejar de afirmar que la “Explicación Bin Laden” es floja e increíble, someto estas suposiciones a la crítica. No me parecen probadas, por ahora. Se las puede modular, afinar o rechazar. Pero no cabe dudas de que el mundo necesita una explicación creíble para lo que sucedió el 11 de septiembre et que inauguró una etapa de reforzamiento prodigioso de los aparatos represivos, la mayor avanzada en ese campo desde la caída del seudo-comunismo (tentativa de eliminar todo lo que pueda manifestar algo de antiamericanismo), además de la primera tentativa de implantación estadounidense en Asia Central, en una coyuntura en que el único peligro para América se encuentra, de forma aún virtual, en China continental.

24 noviembre 2001

(La Gazette du Golfe et des banlieues, No 3, diciembre 2001.

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )

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