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Las pistas del Osamagate – por Michel Chossudovsky

25 Ott

Las pistas del Osamagate

Michel Chossudovsky

 

 

El apoyo del gobierno estadunidense a las organizaciones terroristas no es -como se quiere hacer creer
ahora al mundo entero- un pecado de la guerra fría, un hecho sucedido en la época de la lucha del
“mundo libre” contra el “demonio soviético”. Una gran cantidad de evidencias muestran cómo la Red
Militante Islámica ha sido apoyada por Estados Unidos y otros países poderosos hasta el 11 de
septiembre. Un apoyo, claro, destinado a fortalecer la agenda de política exterior de Washington. “La
principal justificación para hacer esta guerra -sostiene el autor- ha sido completamente fabricada”

Enfrentada a la evidencia, la administración estadunidense ya no puede negar sus vínculos con Osama Bin Laden.
Si bien la CIA admite que Bin Laden fue un “activo de la inteligencia” durante la guerra fría, la relación “va mucho
más allá”. La mayoría de los reportes en los noticiarios consideran que estos vínculos Osama-CIA pertenecen a la
“pasada época” de la guerra soviético-afgana. Invariablemente son vistos como “irrelevantes” para comprender
los sucesos actuales. Perdido en la historia reciente, el papel de la CIA en el apoyo y desarrollo de las
organizaciones internacionales terroristas durante la guerra fría y sus secuelas es casualmente ignorado o
subestimado por los medios occidentales. Sí, lo apoyamos, pero “él se nos volteó”.

Un ejemplo descarado de la distorsión mediática es la llamada tesis bumerang (blowback): se dice que “los
activos de la inteligencia se voltearon contra sus patrocinadores”.1 En una torcida lógica, el gobierno
estadunidense y la CIA son retratados como las desafortunadas víctimas:

“Los sofisticados métodos enseñados a los mujaidines y los miles de toneladas de armamento provistos a ellos
por Estados Unidos -y Gran Bretaña- ahora atormentan a Occidente en el fenómeno conocido como blowback, en
el cual una estrategia política rebota contra sus creadores”.2

Los medios estadounidenses, sin embargo, conceden que “la llegada al poder del régimen talibán (en 1995) es, en
parte, el resultado del apoyo estadunidense a los mujaidines, el grupo islámico radical, en los ochenta durante la
guerra contra la Unión Soviética”.3 Pero dejan a un lado las declaraciones de hecho y concluyen en coro que la CIA
fue engañada por un falso Osama. Es como “un hijo que se voltea contra su padre”.

La tesis del blowback es una fabricación. La evidencia confirma que la CIA nunca cortó sus vínculos con la Red
Militante Islámica. Desde el fin de la guerra fría, estos vínculos encubiertos de la inteligencia no sólo se han
mantenido, se han vuelto cada vez más sofisticados.

Las nuevas iniciativas encubiertas financiadas por el comercio de drogas del Triángulo Dorado entraron en acción
en Asia Central, el Cáucaso y los Balcanes. El aparato militar y de inteligencia (controlado por la CIA) en esencia
“sirvió como un catalizador en la desintegración de la Unión Soviética y en el surgimiento de seis nuevas
repúblicas musulmanas en Asia Central”.4

El modelo del Contragate iraní

Recuerden a Ollie North y los contras nicaragüenses bajo la administración Reagan, cuando las armas financiadas
por el comercio de drogas eran canalizadas a los “luchadores de la libertad” en la guerra encubierta de
Washington contra el gobierno sandinista. El mismo patrón se usó en los Balcanes para armar y equipar a los
mujaidines que peleaban en las filas del Ejército Musulmán Bosnio contra las fuerzas armadas de la Federación
Yugoslava.

Durante los noventa, los Inter Servicios de Inteligencia paquistaníes (ISI) fueron usados por la CIA como un
intermediario para canalizar armas y mercenarios mujaidines al Ejército Musulmán Bosnio en la guerra civil en
Yugoslavia. Según un informe de la Corporación Internacional de Medios con sede en Londres:

“Fuentes confiables informan que Estados Unidos participa activamente (en 1994) en armar y entrenar a las
fuerzas musulmanas de Bosnia-Herzegovina en directa contravención con los acuerdos de las Naciones Unidas.
Las agencias estadounidenses han estado distribuyendo armas hechas en… China, Corea del Norte e Irán. Las
fuentes indicaron que… Irán, con el conocimiento y acuerdo del gobierno estadunidense, proveía a las fuerzas
bosnias con un enorme número de lanzacohetes y una gran cantidad de municiones. Estas incluían cohetes de
107 mm y 122 mm de la República Popular China, y lanzacohetes VBR-230… hechos en Irán… (También) se informó
que 400 miembros de la Guardia Revolucionaria Iraní (Pasdaran) llegaron a Bosnia con una gran provisión de
armas y municiones. Se alegó que la CIA tenía pleno conocimiento de la operación y que la CIA creía que algunos
de los 400 fueron destacamentados para futuras operaciones en Europa Occidental.

“Durante septiembre y octubre (1994) ha habido un flujo de mujaidines ‘afganos’… que llegaron de manera
encubierta a Ploce, Croacia (al suroeste de Mostar) desde donde viajaron con papeles falsos… antes de
desplegarse con las fuerzas bosnio-musulmanas en las zonas de Kupres, Zenica y Banja Luka. Recientemente
(fines de 1994) estas fuerzas han tenido un grado significativo de éxito militar. Han sido, según fuentes en
Sarajevo, auxiliadas por el batallón Unprofor de Bangladesh, el cual relevó a un batallón francés a principios de
septiembre (1994).

“Se informa que los mujaidines que llegaron a Ploce estaban acompañados por fuerzas especiales
estadunidenses provistas con equipos de comunicación de alta tecnología… Las fuentes dijeron que la misión de
las tropas estadunidenses era establecer una red de comando, control, comunicaciones e inteligencia para
coordinar y apoyar la ofensiva bosnio-musulmana -en coordinación con las fuerzas de mujaidines y
bosnio-croa-tas- en Kupres, Zenica y Banja Luka. Algunas ofensivas recientes se han conducido desde los
refugios establecidos por las Naciones Unidas en las regiones de Zenica y Banja Luka (…)

“La administración estadunidense no ha restringido su intervención a la contravención clandestina del embargo a
las armas de las Naciones Unidas en la región… (También) involucró a tres delegaciones de alto nivel en los
pasados dos años (anteriores a 1994) en intentos fallidos de alinear al gobierno yugoslavo con la política
estadunidense. Yugoslavia es el único Estado en la región que no ha aceptado la presión estadunidense”.5

“Del hocico del caballo”

Irónicamente, las operaciones encubiertas de inteligencia militar en Bosnia han sido documentadas por el Partido
Republicano. Un extenso informe del Congreso elaborado por la Comisión del Partido Republicano (CPR) publicado
en 1997 confirma, en gran medida, el informe de la Corporación Internacional de Medios citado arriba. El informe
de la CPR acusa a la administración Clinton de haber “ayudado a convertir a Bosnia en una base militante
islámica” que llevó al reclutamiento de miles de mujaidines del mundo musulmán a través de la llamada Red
Militante Islámica:

“Quizá lo que más amenazaba a la misión SFOR -y aún más importante, a la seguridad del personal estadunidense
en Bosnia- es la falta de voluntad de la administración Clinton de revelar al Congreso y a los estadunidenses su
complicidad en la entrega de armas iraníes al gobierno musulmán en Sarajevo. Esa política, personalmente
aprobada por Bill Clinton en abril de 1994 a petición del designado director de la CIA (entonces jefe del NSC)
Anthony Lake y del embajador estadunidense para Croacia Peter Galbraith, ha, según Los Angeles Times (citando
fuentes clasificadas de inteligencia), ‘jugado un papel central en el drástico incremento de la influencia iraní en
Bosnia’ (…)

“Junto con las armas, las Guardias Revolucionarias Iraníes y los operativos de inteligencia VEVAK entraron a
Bosnia en grandes números, al lado de miles de mujaidines (‘guerreros sagrados’) de todo el mundo musulmán.
También comprometidos en el esfuerzo estaban varios otros países musulmanes (incluyendo Brunei, Malasia,
Pakistán, Arabia Saudita y Turquía) y varias organizaciones radicales musulmanas. Por ejemplo, el papel de una
‘organización humanitaria’ con sede en Sudán, llamada Agencia para el Alivio del Tercer Mundo (TWRA, por sus
siglas en inglés), ha sido bien documentado. Las acciones de la administración Clinton con la red islámica de
tráfico de armas incluyeron inspecciones de misiles de Irán por funcionarios estadunidenses… La TWRA, una falsa
organización humanitaria con sede en Sudán… ha sido un importante vínculo en el tráfico de armas a Bosnia… Se
cree que la TWRA está ligada a personajes de la red islámica del terror como el sheik Omar Abdel Rahman (el
autor intelectual condenado por orquestar el bombardeo del World Trade Center de 1993) y Osama Bin Laden, un
próspero saudita emigrado que se cree financia numerosos grupos militantes (The Washington Post, 22 de
septiembre de 1996)”.6

La complicidad de Clinton

En otras palabras, el informe de la Comisión del Partido Republicano confirma inequívocamente la complicidad de
la administración Clinton con varias organizaciones fundamentalistas islámicas, incluyendo la Al Qaeda de Osama
Bin Laden.

En ese entonces, los republicanos querían socavar a la administración Clinton. Sin embargo, era el momento en el
que el país entero tenía los ojos puestos en el escándalo Lewinsky, así que los republicanos decidieron no
comenzar un Irán-Bosniagate a destiempo, que hubiera desviado indebidamente la atención pública del otro
asunto. Los republicanos querían acusar a Bill Clinton “por haberle mentido al pueblo estadunidense” con
respecto a su relación con la becaria de la Casa Blanca. En el terreno de las más sustanciosas “mentiras en
materia de política exterior” sobre operaciones encubiertas y contrabando de drogas en los Balcanes, los
demócratas y los republicanos estuvieron en unánime acuerdo, sin duda presionados por el Pentágono y la CIA,
para no “difundir la noticia”.

De Bosnia a Kosovo

El “patrón de Bosnia” descrito en el informe al Congreso de la Comisión del Partido Republicano de 1997 fue
replicado en Kosovo, con la complicidad de la OTAN y del Departamento de Estado estadunidense. Mercenarios
mujaidines del Medio Oriente y de Asia Central fueron reclutados para combatir en las filas del Ejército de
Liberación de Kosovo (KLA, por sus siglas en inglés) en 1998-1999, en gran medida apoyando el esfuerzo guerrero
de la OTAN.

Confirmada por fuentes militares inglesas, la tarea de armar y entrenar al KLA fue puesta en manos de la Agencia
de Inteligencia de Defensa estadunidense (DIA, por sus siglas en inglés) y de los Servicios Secretos de Inteligencia
Británicos M16, junto con “antiguos y actuales miembros del 22 SAS (el Regimiento Especial de Servicios Aéreos
22 británico), así como tres compañías de seguridad privada británicas y estadunidenses”.7

“La DIA estadounidense se acercó al M16 para organizar un programa de entrenamiento para el KLA, dijo una
fuente militar británica. ‘Entonces el M16 subcontrató a dos compañías de seguridad británicas para la operación,
quienes a su vez se acercaron a algunos ex miembros del regimiento (22 SAS). Después se hicieron las listas de
las armas y el equipo que el KLA necesitaba’. Mientras estas operaciones encubiertas continuaban, miembros del
regimiento 22 SAS, la mayoría del escuadrón D, fueron destacamentados en Kosovo antes de que comenzara el
bombardeo en marzo”.8

Mientras las fuerzas especiales británicas SAS entrenaban al KLA en bases en el norte de Albania, instructores
militares de Turquía y Afganistán financiados por la jihad islámica colaboraban dando entrenamiento en tácticas
guerrilleras y de distracción al KLA.9

“Bin Laden había visitado Albania. El suyo era uno de varios grupos fundamentalistas que enviaron unidades a
luchar a Kosovo… Se cree que Bin Laden estableció una operación en Albania en 1994… Fuentes albanesas dicen
que Sali Berisha, el entonces presidente, tenía vínculos con algunos grupos que luego se comprobó que eran
fundamentalistas radicales”.10

Bin Laden y el KLA

Según Frank Ciluffo, del Programa sobre el Crimen Global Organizado, en un testimonio presentado a la Comisión
Judicial del Congreso:

“Lo que estuvo oculto del público fue el hecho de que el KLA se financia en parte a través de la venta de
narcóticos. Albania y Kosovo están situadas en el corazón de la “ruta balcánica” que liga el Triángulo Dorado de
Afganistán y Pakistán con los mercados de droga en Europa. Esta ruta vale alrededor de 400 mil millones de
dólares al año y maneja 80% de la heroína destinada a Europa”.11

Según Ralf Mutschke, del área de Inteligencia Criminal de la Interpol, también en un testimonio ante la Comisión
Judicial del Congreso:

“El Departamento de Estado estadounidense catalogó al KLA como organización terrorista, e indicó que estaba
financiando sus operaciones con dinero del comercio internacional de heroína y con préstamos de países e
individuos islámicos, entre ellos supuestamente Osama Bin Laden. Otro vínculo con Bin Laden es el hecho de que
un hermano de un líder de una organización egipcia de la jihad, también comandante militar de Bin Laden, dirigía
una unidad de elite del KLA durante el conflicto en Kosovo”.12

Albright encubre al KLA

Estos vínculos del KLA con el terrorismo y el crimen organizado internacional documentados por el Congreso
estadounidense fueron totalmente ignorados por la administración Clinton. Es más, en los meses anteriores al
bombardeo sobre Yugoslavia, la secretaria de Estado, Madeleine Albright, estaba atareada construyendo una
“legitimidad política” para el KLA. El ejército paramilitar -de la noche a la mañana- fue elevado al nivel de una
fuerza “democrática” de buena fe en Kosovo. A su vez, Madeleine Albright forzó el paso de la diplomacia
internacional: el KLA fue lanzado a jugar un papel central en las fallidas “negociaciones de paz” en Rambouiillet a
principios de 1999.

El Congreso y su respaldo al terrorismo

Los documentos del Congreso también confirman que miembros del Senado y de la Cámara de Representantes
conocían la relación de la administración con el terrorismo internacional. Citando una declaración del republicano
John Kasich, de la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes: “Nos conectamos (en
1998-1999) con el KLA, el cual era una plataforma de operaciones de Bin Laden…”13

Tras los trágicos sucesos del 11 de septiembre, los republicanos y los demócratas, unidos, le dieron el apoyo total
al presidente para “librar una guerra contra Osama”. En 1999, el senador Jo Lieberman declaró que “luchar por el
KLA representaba luchar por los derechos humanos y los valores estadunidenses”.14 En las horas que siguieron
los ataques con misiles del 7 de octubre en Afganistán, el mismo Jo Lieberman llamó a ataques aéreos punitivos
contra Irak: “Estamos en una guerra contra el terrorismo… No podemos pararnos con Bin Laden y el talibán”.15
Sin embargo, el senador Jo Lieberman, como miembro de la Comisión de Servicios Armados del Senado, tuvo
acceso a todos los documentos del Congreso concernientes a los vínculos KLA-Osama. Al hacer esta declaración,
estaba totalmente consciente de que las agencias del gobierno estadunidense, así como la OTAN, estaban
apoyando al terrorismo internacional.

La guerra en Macedonia

Tras la guerra de 1999 en Yugoslavia, las actividades terroristas del KLA se extendieron al sur de Serbia y
Macedonia. Rebautizado como Cuerpo de Protección de Kosovo (KPC, por sus siglas en inglés), obtuvo acceso a
fuentes “legítimas” de financiamiento a través de las Naciones Unidas y de canales bilaterales, incluyendo apoyo
militar estadunidense directo.

Y apenas dos meses después de la inauguración oficial del KPC bajo el auspicio de la ONU (septiembre de 1999),
los comandantes del KPC-KLA -usando recursos y equipo de la ONU- ya preparaban incursiones en Macedonia,
como el lógico paso siguiente a sus actividades terroristas en Kosovo. Según el diario Dnevnik de Skopje, el KPC
había establecido una “sexta zona de operaciones” al sur de Serbia y Macedonia:

“Fuentes, que insisten en guardar el anonimato, aseguran que los cuarteles de las brigadas de protección de
Kosovo (vinculadas al KPC financiado por la ONU) ya se formaron (marzo de 2000) en Tetovo, Gostivar y Skopje.
También son entrenados en Debar y Struga (en la frontera con Albania) y sus miembros tienen códigos
definidos”.16

Según la BBC, “fuerzas especiales occidentales aún entrenaban a los guerrilleros”, lo que quería decir que
estaban ayudando al KLA a abrir “una sexta zona de operaciones” en el sur de Serbia y Macedonia.17

La Red y la OTAN, unidas en Macedonia

Entre los mercenarios extranjeros que ahora luchan en Macedonia (octubre de 2001) en las filas del
autoproclamado Ejército de Liberación Nacional (NLA, por sus siglas en inglés) hay mujaidines del Medio Oriente y
de las repúblicas en Asia Central de la ex URSS. También dentro de la fuerza de mando del KLA en Macedonia hay
consejeros militares estadunidenses de una unidad privada de mercenarios contratados por el Pentágono, así
como “soldados de la fortuna” de Gran Bretaña, Holanda y Alemania. Algunos de estos mercenarios occidentales
previamente habían luchado con el KLA y el Ejército Bosnio Musulmán.18

La prensa y las autoridades macedonias han documentado ampliamente que el gobierno estadunidense y la Red
Militante Islámica trabajan de la mano apoyando y financiando al NLA, involucrado en los ataques terroristas en
Macedonia. El NLA es una fuerza del KLA. A su vez, el KLA y el KPC, patrocinado por la ONU, son instituciones
idénticas con los mismos comandantes y personal militar. Los comandantes del KPC con sueldos de la ONU
luchan en el NLA al lado de los mujaidines.

En una amarga voltereta del destino, el KLA-NLA es financiado y apoyado por Al Qaeda de Osama Bin Laden y
también es apoyado por la OTAN y la Misión de la ONU en Kosovo (UNMIK). De hecho, la Red Militante Islámica -que el ISI Paquistaní también utiliza como intermediario con la CIA- aún representa una parte de las operaciones
encubiertas de inteligencia militar de Washington en Macedonia y el Sur de Serbia.

Los terroristas del KLA-NLA son financiados por la ayuda militar estadounidense, por el presupuesto para
resguardar la paz de la ONU, y por varias organizaciones islámicas, incluyendo Al Qaeda. El dinero de drogas
también es usado para financiar a los terroristas, con la complicidad del gobierno estadunidense. El reclutamiento
de los mujaidines para luchar en las filas del NLA en Macedonia se hace a través de varios grupos islámicos.

Consejeros militares estadounidenses se mezclan entre los mujaidines en la misma fuerza paramilitar, los
mercenarios occidentales de países de la OTAN luchan al lado de los mujaidines reclutados en el Medio Oriente y
Asia Central. ¡Y los medios estadunidenses llaman a esto un blowback en el que proclamados “activos de
inteligencia” se les voltearon a sus patrocinadores! ¡Pero esto no ocurrió durante la guerra fría! Pasa ahora mismo
en Macedonia. Y está confirmado por numerosos reportes de prensa, testimonios y evidencia fotográfica, así
como declaraciones oficiales del primer ministro macedonio, quien ha acusado a la alianza militar occidental de
apoyar a los terroristas. Más aún, la Nueva Agencia Macedonia oficial (MIA, por sus siglas en inglés) señaló la
complicidad entre el embajador enviado por Washington, James Pardew, y los terroristas del NLA.19 En otras
palabras, los llamados “activos de inteligencia” aún sirven a los intereses de sus patrocinadores estadunidenses.

Al respecto, el pasado de Pardew es revelador. Inició su carrera balcánica en 1993 como funcionario de
inteligencia, responsable de canalizar la ayuda estadunidense al Ejército Bosnio Musulmán. El coronel Pardew
estaba encargado de organizar la entrega de provisiones desde el aire a las fuerzas bosnias. En aquel entonces,
estos “envíos aéreos” estaban catalogados como “ayuda civil”. Más tarde se filtró -confirmado por el informe del
RPC- que Estados Unidos había violado el embargo de armas. Y James Pardew jugó un papel importante como
parte del equipo de funcionarios de inteligencia que trabajaban de manera cercana con el presidente del Consejo
Nacional de Seguridad, Anthony Lake.

Más tarde, Pardew estuvo involucrado en las negociaciones Dayton (1995) representando al Departamento de
Defensa estadunidense. En 1999, antes del bombardeo sobre Yugoslavia, fue nombrado “representante especial
para la estabilización militar y la puesta en marcha en Kosovo” por el presidente Clinton. Una de sus tareas fue
canalizar apoyo al KLA, el cual, al mismo tiempo, era apoyado por Osama Bin Laden. Pardew instrumentó la
repetición del “patrón bosnio” en Kosovo y más tarde en Macedonia…

La justificación de la guerra

La administración Bush ha declarado que tiene pruebas de que Osama Bin Laden está detrás de los ataques al
WTC y al Pentágono. En palabras del primer ministro británico, Tony Blair: “He visto evidencia absolutamente
poderosa e incontrovertible de su vínculo (de Osama) a los sucesos del 11 de septiembre”.20 Lo que se le olvida
mencionar a Tony Blair es que agencias gubernamentales estadunidenses, incluida la CIA, continúan
“protegiendo” al Al Qaeda de Osama Bin Laden.

Se supone que una gran guerra “contra el terrorismo internacional” ha sido emprendida por un gobierno que
protege al terrorismo internacional como parte de su agenda de política exterior. En otras palabras, la justificación
principal para librar esta guerra ha sido totalmente fabricada. Los estadunidenses han sido deliberada y
conscientemente mal dirigidos por su gobierno a emprender una gran aventura militar que afecta nuestro futuro
colectivo.

Esta decisión de desorientar a los estadunidenses se tomó a escasas horas de los ataques terroristas al World
Trade Center. Sin evidencia contundente, Osama ha sido tachado como el “principal sospechoso”. Dos días
después, el jueves 13 de septiembre -cuando apenas habían comenzado las investigaciones de la FBI-, el
presidente Bush prometió “llevar al mundo a la victoria”. La administración confirmó su intención de embarcarse
en “una campaña militar sostenida en vez de una sola acción” dirigida contra Bin Laden.21 Además de Afganistán,
varios países del Medio Oriente se mencionaron como posibles blancos, incluyendo Irak, Irán, Libia y Sudán. Y
varios destacados personajes políticos y eruditos de los medios estadunidenses han demandado que los ataques
aéreos se extiendan a otros países “que albergan al terrorismo internacional”. Según fuentes de inteligencia, Al
Qaeda de Bin Laden tiene operaciones en alrededor de 50 a 60 países, lo cual da un amplio margen de pretexto
para intervenir en varios “Estados canallas” en Medio Oriente y Asia Central.

Más aún, toda la legislatura estadunidense -con una sola excepción- ha dado el visto bueno a la decisión de la
administración de ir a la guerra. Los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado tienen acceso, a
través de varias comisiones, a los informes oficiales confidenciales y a documentos de inteligencia que prueban,
sin lugar a dudas, que agencias gubernamentales de Estados Unidos tienen vínculos con el terrorismo
internacional. No pueden decir “no sabemos”. De hecho, la mayoría de esta evidencia es pública.

Bajo la resolución histórica que el Congreso estadounidense adoptó, tanto la Cámara como el Senado, el 14 de
septiembre:

“El presidente está autorizado para usar toda la fuerza necesaria y apropiada contra las naciones, organizaciones
o personas que él determine que planearon, autorizaron, cometieron o apoyaron los ataques terroristas del 11 de
septiembre de 2001, o albergaron a tales organizaciones o personas, para así prevenir futuros actos del
terrorismo internacional contra Estados Unidos realizados por tales naciones, organizaciones o personas”.

Si bien no hay evidencia de que las agencias del gobierno estadounidense “apoyaron los ataques terroristas” al
World Trade Center y al Pentágono, hay amplia y detallada evidencia de que las agencias del gobierno
estadunidense y la OTAN han continuado “protegiendo a tales organizaciones”.

El patriotismo no se puede basar en una falsedad, especialmente cuando constituye un pretexto para librar una
guerra y matar a civiles inocentes.

Irónicamente, el texto de la resolución del Congreso también representa un blowback contra los patrocinadores
estadunidenses del terrorismo internacional. La resolución no excluye llevar a cabo una averiguación del
Osamagate, así como las acciones apropiadas contra las agencias y/o individuos del gobierno estadunidense que
puedan haber colaborado con Al Qaeda. Y la evidencia claramente apunta hacia la administración Bush.

 

Notas

1 United Press International (UPI), 15 de septiembre de 2001.

2 The Guardian, Londres, 15 de septiembre de 2001.

3 UPI, op cit.

4 Para más detalles, ver Michel Chossudovsky, “Osama Bin Laden: un guerrero de la CIA”. Masiosare, 23 de
septiembre de 2001.

5 International Media Corporation Defense and Strategy Policy, Estados Unidos entrega fuerzas y armas a Bosnia,
Londres, 31 de octubre de 1994.

6 Boletín de prensa del Congreso, Comisión del Partido Republicano (RPC), Congreso de Estados Unidos, Clinton.
La aprobación de transferencia de armas iraníes ayuda a convertir a Bosnia en una base militante islámica, 16 de
enero de 1997.

7 The Scotsman, Glasgow, 29 de agosto de 1999.

8 Ibid.

9 La verdad en los medios, Kosovo en crisis, Phoenix, Arizona, 2 de abril de 1999.

10 Sunday Times, Londres, 29 de noviembre de 1998.

11 Congreso de Estados Unidos, Testimonio de Frank J. Cilluffo, director, Crimen Organizado Internacional,
encargado del programa en la Comisión Judicial de la Cámara, 13 de diciembre de 2000.

12 Congreso de Estados Unidos, Testimonio de Ralf Mutschke del área de Inteligencia Criminal de la Interpol a la
Comisión Judicial de la Cámara, 13 de diciembre de 2000.

13 Congreso estadounidense, Transcripciones de la Comisión de Servicios Armados de la Cámara, 5 de octubre
de 1999.

14 Citado en el Boston Herald, 19 de marzo de 2001.

15 Citado en Knight Ridder News, 8 de octubre de 2001.

16 Boletín del Centro de Información Macedonio, Skopje, 21 de marzo de 2000, publicado por el resumen de las
noticias mundiales de la BBC, 24 de marzo de 2000.

17 BBC, 29 de enero de 2001.

18 Scotland on Sunday, Glasgow, 15 de junio de 2001. También ver UPI, 9 de julio de 2001.

19 Agencia de Información Macedonia (MIA), 26 de septiembre de 2001.

20 Citado en The Daily Telegraph, Londres, 1o. de octubre de 2001.

21 Declaración de un funcionario tras el discurso del presidente George Bush el 14 de septiembre de 2001, citado
en el International Herald Tribune, París, 14 de septiembre de 2001.

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )

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Ariel Sharon: cuanto peor, mejor – por CARLOS FUENTES, JUAN GOYTISOLO, EDWARD W. SAID

25 Ott

Ariel Sharon: cuanto peor, mejor

 

CARLOS FUENTES, JUAN GOYTISOLO, EDWARD W. SAID

 

 

 

Carlos Fuentes es escritor mexicano; Juan Goytisolo es escritor español; Edward W. Said es ensayista palestino, profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia.

 

El ‘paseo’ de Ariel Sharon por la explanada de las mezquitas, acompañado por un millar de policías y soldados armados hasta los dientes, fue la jugada estratégica más provechosa de su carrera: le izó, tras el previsible comienzo de la segunda Intifada, al puesto supremo que ambicionaba desde el fracaso de la ocupación del Líbano. A partir de entonces, gracias a su política de puño de hierro y a la promesa de traer la paz y la seguridad a sus compatriotas, ha alcanzado el nivel más alto de popularidad de los líderes israelíes entre una población que se siente amenazada por el odio que genera en su entorno y sólo confía en el recurso a la fuerza para acabar de una vez con el terrorismo islámico.

En nombre de una paz y una seguridad que se alejan conforme avanza el rodillo compresor del Ejército y arrecia la violencia contra la población palestina, el responsable de las matanzas de Sabra y Chatila ha puesto en marcha los mecanismos de lo que sólo puede denominarse terrorismo de Estado y ha reforzado el régimen de apartheid en los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días. La multiplicación y extensión de las colonias de ultrarreligiosos partidarios del Gran Israel, las brutales operaciones de castigo, el asesinato selectivo de líderes o agentes sospechosos de atentados anti-israelíes, las represalias colectivas contra poblaciones enteras, la irrupción de blindados y fuerzas de asalto en los guetos de la Franja de Gaza y las principales ciudades de Cisjordania crean una espiral de odio y agravios que se aviva con nuevos atentados palestinos y respuestas desproporcionadas en razón de las diferencias abismales existentes entre un ejército ultramoderno y unas milicias indisciplinadas y armadas de fusiles Kaláshnikov.

Tras el 11 de septiembre, el ya creciente poder del Tsahal en las decisiones políticas del Estado israelí ha transformado a éste en una mera correa de transmisión del Ejército, y la democracia israelí, calificada en sus comienzos como la única existente en Oriente Próximo, parece haberse disuelto en un mortífero consenso en torno a la opción militar. Sharon, el Ejército y los partidos religiosos dictan las decisiones a tomar, predican la venganza sin límites y consagran como un dogma de fe la victoria del más fuerte. Cuando, apremiado por las circunstancias -la necesidad de ofrecer algo a la opinión pública de los países musulmanes a causa de la guerra en Afganistán-, Bush habla de la creación de un Estado palestino, Sharon clama al cielo y compara el supuesto abandono del Estado judío con el de Checoslovaquia, entregada inerme a los nazis. Para Sharon, con esa lógica castrense que contamina peligrosamente grandes sectores de la sociedad israelí, Yasir Arafat y Bin Laden son exactamente lo mismo.

Las operaciones militares de las últimas semanas contra los palestinos -‘inquilinos temporales’ según algunos extremistas del Gran Israel bíblico- no pueden sino agravar el odio de unas poblaciones desamparadas y cuya seguridad nadie se atreve a garantizar, poblaciones privadas de sus derechos más elementales por un ocupante que las somete a toda clase de humillaciones cotidianas y las encierra sin remedio en bantustanes estancos.

Aunque menor, la responsabilidad de la Autoridad Nacional Palestina en este interminable proceso de destrucción física y de autodestrucción moral es incuestionable también. La OLP pasó de sus exigencias maximalistas de las pasadas décadas -que suponían la desaparición del Estado judío- a unos acuerdos de paz cuyas ambigüedades respecto a los temas esenciales contenían en germen la situación sin salida que vivimos hoy. Yasir Arafat nunca siguió las vías trazadas por Gandhi y Nelson Mandela: su retórica inflamada no se tradujo en propuestas razonables y concretas y se volvió a la postre contra él. Su mini gobierno en Gaza ha sido un triste modelo de arbitrariedad y corrupción, muy lejos de las promesas democráticas formuladas durante su etapa de líder tercermundista. Desengañada, oprimida y sin esperanza alguna de futuro, la juventud palestina, hacinada en los guetos y campos de refugiados, en unas condiciones más duras que las de Suráfrica antes del final de la segregación, se aferra cada vez más al discurso religioso de Hamás y la Yihad Islámica, perfectamente simétrico al de los sionistas ultraortodoxos. Es la victoria de Sharon: cuanto peor, mejor.

Cuando la razón abdica y es reemplazada por el credo bélico de religiones antagónicas no puede haber paz. El actual jefe de Gobierno israelí y los suyos han hecho lo posible e imposible para desterrar aquélla e imponer la lógica del ojo por ojo y diente por diente que excluye toda perspectiva de acuerdo. Guste o no a Sharon -y a quienes callan y asienten en estas horas tan inquietantes para el futuro de la humanidad-, la paz no puede fundarse sino en el respeto de la legalidad internacional: en el cumplimiento de las resoluciones 242 y 338 de la ONU que exigen la retirada de Israel de los territorios ocupados en 1967 -Jerusalén Este, Jordania, Gaza y el Golán sirio- y en la firma de un acuerdo avalado por Estados Unidos, la Unión Europea y los países árabes que garantice la seguridad de Israel y la existencia de un Estado palestino viable. Para alcanzar la paz y vivir sin odio y deseos de desquite, israelíes y palestinos deben separarse. La actual imbricación de unos y otros, de ocupantes y ocupados, sólo perpetúa el rencor recíproco y sirve de caldo de cultivo a un terrorismo que, con su arrogancia y ceguera, Sharon no logrará extirpar.

 

El Pais, Viernes, 14 de diciembre de 2001

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )

El precio de Oslo – por Edward W. Said

25 Ott

El precio de Oslo

 

EDWARD W. SAID

 

 

Edward W. Said es ensayista palestino, profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia (New York).

Las imágenes televisivas en Al Yazira han sido muy claras. En ellas queda patente un heroísmo palestino que constituye la auténtica historia de nuestro tiempo. Todo un conjunto de ejército, marina y fuerza aérea, con el apoyo generoso e incondicional de los norteamericanos, ha llevado la destrucción al 18% de Cisjordania y el 60% de Gaza, zonas asignadas a los palestinos tras 10 años de negociaciones con Israel y Estados Unidos. Hospitales, escuelas, campos de refugiados y viviendas civiles han sido blanco de una agresión despiadada y criminal de las tropas israelíes en sus helicópteros de ataque, sus F-16 y sus Merkavas y, aun así, sus combatientes, pobremente armados, se enfrentan a esa abrumadora fuerza sin rendirse y llenos de valentía.

En Estados Unidos, CNN y periódicos como The New York Times callan vergonzosamente que ‘la violencia’ es desigual y que aquí no se trata de dos bandos, sino de un Estado que dirige todo su poder contra un pueblo repetidamente desplazado y desposeído, sin armas ni auténticos dirigentes, con el objetivo de destruirlo, ‘asestarles un golpe terrible’, como ha dicho sin pudor el criminal de guerra que gobierna Israel. Un indicio de la locura a la que ha llegado Sharon puede ser lo que declaró a Ha’aretz el 5 de marzo: ‘La Autoridad Palestina está detrás del terror, es el terror. Arafat apoya el terror. El objetivo de nuestra presión es acabar con ese terror. Que nadie espere que lo haga Arafat. Debemos causar un gran número de bajas, y entonces sabrán que no pueden seguir usando el terror para lograr conquistas políticas’.

Además de ser síntomas de una mente obsesionada, empeñada en la destrucción y el más puro odio, las palabras de Sharon muestran el fracaso de la razón y del espíritu crítico desencadenado tras el pasado septiembre. Es cierto que hubo un atentado terrorista, pero en el mundo no cuenta sólo el terror. Cuentan la política, la lucha, la historia, la injusticia, la resistencia e incluso el terror de Estado. Hemos sucumbido todos -sin que el mundo académico e intelectual de EE UU hayan dicho prácticamente nada- al mal uso constante del lenguaje, que nos hace llamar ‘terror’ a todo lo que no nos agrada y ‘bueno’ a lo que estamos haciendo, aunque suponga la destrucción de vidas y riqueza. Hemos olvidado los preceptos ilustrados en los que educábamos a nuestros estudiantes y conciudadanos y, en su lugar, hay una orgía desmesurada de ira vengativa e hipócrita a la que, al parecer, sólo tienen derecho a recurrir los ricos y poderosos. No es de extrañar que un matón de tres al cuarto como Sharon se sienta autorizado a hacer lo que hace, cuando en la mayor democracia de la Tierra se arrojan a la basura leyes, derechos constitucionales, hábeas corpus y hasta la razón misma en la persecución del terror y el terrorismo. Hemos fracasado como educadores y como ciudadanos al dejarnos engatusar de este modo, sin que ni siquiera se haya organizado un debate público sobre un presupuesto de defensa que se ha disparado hasta alcanzar los 400.000 millones de dólares, mientras 40 millones de personas siguen sin seguro de salud.

Israelíes, árabes y estadounidenses oyen cómo se les dice que el amor a su país exige esos gastos y esa destrucción porque hay una buena causa en juego. Tonterías. Lo que está en juego son los intereses materiales que mantienen a los gobernantes en el poder, permiten que las empresas tengan beneficios y empujan a los ciudadanos a aceptar lo que sea, mientras no llegue el día en que empiecen a preguntarse hacia dónde vamos en esta absurda carrera tecnológica de bombas y asesinatos.

Israel libra, simplemente, una guerra contra la población civil, aunque en Estados Unidos no se diga nunca. Es un conflicto racista y, desde el punto de vista estratégico y táctico, una guerra colonial. Se mata y se hace sufrir a unos ciudadanos por no ser judíos. ¡Qué ironía!

Sin embargo, la CNN no habla nunca de territorios ‘ocupados’, sino de ‘violencia en Israel’, como si los auténticos campos de batalla fueran los auditorios y cafés de Tel Aviv y no los guetos y los campos de refugiados palestinos cercados, al menos, por 150 asentamientos israelíes ilegales. Durante los últimos 10 años, Estados Unidos ha vendido al mundo el gran fraude de Oslo, sin que prácticamente nadie tuviera claro que se cedía sólo el 18% de Cisjordania y el 60% de Gaza. Nadie sabe geografía, y es mejor no saberla.

Y un pseudoexperto insufrible y engreído como Thomas Friedman todavía tiene la desfachatez de decir que ‘la televisión árabe’ muestra imágenes tendenciosas, como si ‘la televisión árabe’ tuviera la obligación de enseñar las cosas desde el punto de vista israelí -como hace la CNN- y usar ‘violencia en Oriente Próximo’ como palabra mágica para referirse a la limpieza étnica que está llevando a cabo Israel en los guetos y campos palestinos. ¿Ha intentado alguna vez Friedman (o la CNN, ya puestos) aclarar la diferencia entre un ejército atacante en plena guerra colonial, en el territorio que habita un pueblo desde hace 35 años, y el pueblo que se defiende frente a esa carnicería? Por supuesto que no; para qué va a molestarse en decir que no hay F-16 palestinos, ni helicópteros Apache, ni cañoneras, ni carros Merkava, es decir, no hay una ocupación de Israel por parte de los palestinos. Qué credenciales de periodista y comentarista honrado va a tener Friedman si no se ha molestado en explicar con claridad la postura estadounidense, ni en comprender la causa árabe y palestina. ¿No se da cuenta de que sus artículos son parte del problema, que, con sus divagaciones, sus justificaciones, su falta de sinceridad y de esa autocrítica que constantemente exige a los demás, contribuye a aumentar la ignorancia y los errores en lugar de disiparlos? Menudo periodista y educador.

La imagen que nos dan es que los israelíes luchan por su vida, y no por sus asentamientos y sus bases militares en la Palestina ocupada. Hace meses que en los medios estadounidenses no aparece ningún mapa. El 8 de marzo, hasta ahora el día más sangriento para los palestinos de los 16 de meses de Intifada, el informativo de la noche de CNN habló de la muerte de 40 ‘personas’ y ni siquiera mencionó la de varios trabajadores de la Media Luna Roja, caídos mientras unos tanques israelíes les impedían llegar hasta los heridos. Sólo ‘personas’, sin imágenes del infierno que están viviendo en este trigésimo quinto año de ocupación militar. Tulkarem, que sufre el mayor de los asedios, con toques de queda de 24 horas, cortes de agua y electricidad, redadas sistemáticas, la detención de 800 jóvenes, el destrozo sin sentido de casas de refugiados, la destrucción de un número inmenso de edificios (y no hablo de discotecas o instalaciones deportivas, sino de chabolas y cobijos provisionales en los que subsistían los que ya se habían visto antes desplazados) e incontables casos de una crueldad y un sadismo sin precedentes contra civiles indefensos, a los que se empuja y golpea y a los que se deja morir desangrados, mujeres a las que se deja dar a luz a niños muertos mientras esperan innecesariamente en controles israelíes de carretera, ancianos a los que un soldado de 18 años que mastica chicle y ondea un M-16 -pagado con mis impuestos- obliga a desnudarse y a andar descalzos. Belén, con la universidad y el centro destrozados, arrasada por valientes soldados israelíes que tiran bombas desde unos maravillosos F-16 también pagados por mí. Los campos de Balata, Aida y Dheheisheh y Azza, las aldeas de Khadr y Husam, todo ha quedado reducido a escombros sin que lo mencione la prensa estadounidense, cuyos directivos neoyorquinos -salvo alguna excepción- está claro que no se inmutan por ello. Innumerables muertos y heridos, que permanecen sin enterrar y sin auxilio, por no hablar de los cientos de miles de vidas mutiladas, torcidas, con la terrible huella de un sufrimiento gratuito, ordenado a distancia, desde la tranquila Jerusalén Oeste, por hombres para quienes Cisjordania y Gaza son lejanas ratoneras llenas de insectos y roedores a los que es preciso ‘someter’ y expulsar, dar una lección, en la jerga del magnífico Ejército israelí. Ahora, en el mayor ataque de todos, 140 tanques israelíes han invadido y saqueado Ramala, con lo que se completa la tarea de reconquistar unos territorios palestinos ya ocupados.

El pueblo palestino está pagando un precio desorbitado por Oslo, que, tras 10 años de negociaciones, le dejó con unos trozos de tierra sin coherencia ni continuidad, con unas instituciones de seguridad destinadas a garantizar el sometimiento a Israel y con una vida que le empobrecía para que el Estado israelí pudiera prosperar. No sirvió de nada que, durante esos años, algunos advirtiéramos de que no se estaban abordando las diferencias entre el lenguaje de paz de Estados Unidos e Israel y la horrible realidad. Expresiones como ‘proceso de paz’ y ‘terrorismo’ se fueron asentando sin hacer referencias a ningún dato real. Los casos de tierras confiscadas se pasaban por alto o se consideraban objeto de ‘negociaciones bilaterales’ entre un Estado y un grupo mediocre de negociadores mal informados, que tardaron cuatro años en obtener un mapa fiable de las tierras de las que hablaban.

Y lo peor de todo es que, en los 54 años transcurridos desde 1948, nunca se ha contado verdaderamente la historia del heroísmo y el sufrimiento palestino. Se supone que somos todos extremistas fanáticos y violentos, poco más que esos terroristas que Bush y su camarilla han impreso en las mentes de una población anonadada y sistemáticamente desinformada, con la ayuda de todo un ejército de comentaristas y estrellas de la comunicación.

Sin embargo, ahora que la propuesta saudí de paz se ha convertido en materia de discusión y esperanza, me parece necesario situarla en su contexto real. En primer lugar, se trata de una reedición del plan Reagan de 1982, el plan Fahd de 1983, el plan de Madrid de 1991, y así sucesivamente: en otras palabras, llega tras una serie de propuestas frecuentes que han acabado siempre boicoteadas por Israel y EE UU. En mi opinión, las únicas negociaciones que hay que mantener son las que se ocupen de las fases de una retirada total de Israel, y no, como ocurrió en Oslo, un regateo sobre qué trozos de tierra estaban dispuestos a ceder -a regañadientes- los israelíes. Ha habido demasiada sangre palestina derramada, demasiado desprecio y demasiada violencia racista por parte de Israel para que puedan repetirse unas conversaciones como las de Oslo, con la intervención del más parcial de los mediadores, EE UU.

Todo el mundo es consciente de que los viejos negociadores palestinos no han renunciado a sus sueños e ilusiones y que, mientras se producían las incursiones y los bombardeos, han seguido celebrándose reuniones. Pero creo que es preciso dar la importancia debida a las décadas de sufrimiento palestino y los verdaderos costes humanos de la política destructiva de Israel, antes de que ninguna negociación conceda una posición injusta a unos Gobiernos israelíes que han pisoteado los derechos palestinos del mismo modo que han derribado nuestras casas y matado a nuestra gente. Toda negociación árabe-israelí que no tenga en cuenta la historia -para lo cual es necesario un equipo de historiadores, economistas y geógrafos con conciencia- no merecerá la pena. Y los palestinos deben escoger a un nuevo grupo de negociadores y representantes, con la esperanza de salvar algo dentro de la catastrófica situación actual.

En resumen, cualquier reunión que lleven a cabo en estos momentos representantes israelíes y palestinos debe prestar atención a la gravedad de los estragos causados por Israel en nuestro pueblo, y no limitarse a considerarlos mera historia pasada. En la práctica, Oslo disculpó la ocupación, le perdonó todos los bienes y todas las vidas que había destruido en 25 años. Después de tanto sufrimiento, no se puede dejar que Israel salga de la mesa como si nada, sin siquiera una exigencia retórica de que expíe sus actos.

Me dirán que la política se ocupa de lo posible, no de lo deseable, y que deberíamos estar agradecidos de conseguir el menor paso atrás de los israelíes. No estoy de acuerdo en absoluto. Las negociaciones sólo pueden discutir sobre cuándo se producirá la retirada total, no qué porcentajes está dispuesto a conceder Israel. Un conquistador y un vándalo no puede conceder nada: debe limitarse a devolver lo que ha robado y a pagar los abusos de los que es responsable, igual que Sadam Husein debía pagar y pagó por su ocupación de Kuwait. Aunque todavía nos falta bastante para llegar a eso, el extraordinario valor de todos los palestinos en Gaza y Cisjordania ha derrotado moral y políticamente a Sharon, que acabará perdiendo su cargo en un futuro no muy lejano. Ahora bien, el hecho de que sus ejércitos, desde hace dos décadas, puedan invadir ciudades árabes, matar y sembrar la destrucción en ellas, sin que los países árabes en general digan ni pío, revela qué grandes dirigentes tienen esos países.

Y a propósito de esos gobernantes árabes que guardan un silencio tan delicado mientras ven en televisión cómo violan a Palestina, no sé qué se creen que hacen, pero supongo que, en el fondo de su alma, deben de sentir bastante vergüenza de sí mismos. No tienen fuerza militar, política, económica ni moral, poseen escasa credibilidad y ninguna categoría real, salvo como peones en el tablero de ajedrez de estadounidenses e israelíes. Quizá piensen que ganan con la espera. Quizá. Pero ni siquiera han logrado aprender (tampoco Arafat y sus hombres) a utilizar la información sistemática para proteger a su pueblo contra los ataques de quienes consideran a todos los árabes terroristas fanáticos y extremistas. Por suerte, a ese tipo de comportamiento irresponsable y despreciable le queda muy poco tiempo. ¿Lo hará mejor la nueva generación?

La respuesta dependerá de que exista una nueva actitud respecto a la educación laica: entonces podremos volver a caer, como colectivo, en la desorganización, la corrupción y la mediocridad, o podremos, por fin, ser una nación.

 

El Pais, Jueves, 21 de marzo de 2002

 

( Fonte: www.aaargh.codoh.info )